domingo, 31 de octubre de 2010

1 de noviembre: Día Internacional del Veganismo

"No dudes que en un pequeño grupo de personas reflexivas y comprometidas puede cambiar el mundo. De hecho, es la única cosa que siemrpre lo ha cambiado." Margared Mead

Estamos todavía muy lejos de la gente. El tema de los derechos de los animales está lejos, aunque no tanto como hace unos años, del debate moral de la sociedad, pero nos toca a nosotros llevarlo allí, para que no quede escondido para siempre.

Así como si hoy alguien hace un comentario machista (en estos días ha habido dos casos destacados: el del alcalde de Valladolid y el de escritor Sánchez-Dragó) la sociedad reacciona en su contra, algún día puede que haya que cuidarse mucho de decir que se está a favor de la explotación de los animales. Pienso en el caso de los toros, donde en algunos sectores sociales ya está mal visto manifestarse a favor, aunque todavía una mayoría de los personajes públicos se cuidan mucho de condenarlos por miedo a las consecuencias. Creo que esto pone de manifiesto que vivimos en una sociedad en la cual la gente sigue una pauta moral para ser aceptada y no por convicción.

Pedir que la mayoría reflexione sobre si su vida es ética o no y actue en consecuencia puede que sea demasiado. Seguramente el camino será ir cambiando las pautas morales para que las personas acepten unos nuevos códigos morales y los asuman como propios.

No hace tanto maltratar una mujer o un niño era el pan nuestro de cada día y nadie hablaba de ellos ni se condenaba. No hablemos ya del maltrato a los animales. Ahora somos mejores que antes? En todo caso nuestra sociedad ha evolucionado, pero nosotros, las personas, no somos ni mejores ni peores. En mi opinión, simplemente vivimos en una sociedad en la que condenar el maltrato y los comportamientos machistas en general es fácil y, de hecho, es lo que se espera de nosotros. Es gracioso porque aunque pocas mujeres se consideren feministas, lo cierto es que muchas de las reivindaciones feministas han sido asumidas por las "no feministas" y, aún más, por sus hombres. Puede que algún día suceda algo parecido con las reivindicaciones animalistas. De hecho ya está empezando a pasar en el caso del maltrato a animales "de compañía", el uso de pieles o los espectáculos con animales.

Hay casos de personas que una vez saben lo que hacemos con los animales, por ejemplo después de ver el documental Earthlings, simpatizan con la causa animalista e incluso confiesan que no les importaría ser veganos en una sociedad donde fuera más fácil serlo. Su comodidad se antepone a su sentido de la justicia. Realmente no es gracias a estas personas por las que evoluciona moralmente una sociedad. Supongo que estas buenas personas pasivas e indiferentes son la mayoría. En el otro extremo están aquellos que, a pesar de no tener autoridad ni prácticamente referentes, son lo suficientemente valientes para ir a contracorriente, siendo coherentes con lo que les dictan sus sentimientos y su razón. Por eso, para mí las dos virtudes que definen mejor a un vegano son bondad y valentia. Definitivamente, creo que el veganismo se merece su día, no?

jueves, 21 de octubre de 2010

Un sueño bonito

He tenido un sueño muy bonito. Estaba en una playa y había unos pájaros que necesitaban ayuda, supongo que gaviotas. Después resultó que eran cuatro cachorros de perro, blancos inmaculados y con alitas de ángel. Me iba en una bicicleta y los perritos me seguían. Me sentía bien y el sol brillaba. Los llevaba a mi piso y los duchaba y como el baño es pequeño estábamos bastante apretados (jaja). El caso es que luego he estado pensando y es como si ese sueño fuera mi amor y mis deseos de ayudar a los animales. Quisiera "ducharlos" a todos, pero no puedo. Lo que si puedo hacer es recordar a la gente que el dolor cuenta cuando sufre un humano, un perro, un cerdo o cualquier otro ser con capacidad de sufrir. Lo que importa es lo que pueden sentir y no lo que son.

Me ha dado tan buen rollo! Ojalá tuviera sueños así más a menudo.

jueves, 14 de octubre de 2010

La gacela Julieta nos pone a dieta, un cuento perverso



La gacela Julieta nos pone a dieta (autor: Josep Maria Cervera, ilustrador: Jordi March, ed. Pirueta, 2010, también en catalán editado por Claret Kids) es una claro ejemplo de libro infantil rebosante de esquizofrenia moral. Para la mayoría pasará inadvertida y no dejará de ser un bonito libro educativo que enseña a los niños como alimentarse correctamente, comiendo de "todo".

El cuento me ha llamado la atención por lo retorcido de su argumento. En la sabana africana andan un león y un tigre con muchas ganas de comerse a una gacela, Julieta. Hasta aquí todo normal, no? El problema es que los depredadores se alimentan fatal y tienen unos quilillos de más, y claro, así cualquiera alcanza a la ágil gacelita. Pero Julieta, previo pacto de no agresión hacia ella, claro, pone a dieta a sus "amigos". Así pues, el libro va de una gacela que enseña a sus depredadores que comer carne, en su justa medida, está bien pero siempre que no sea la suya.

Llegando al final vemos a Julieta explicando todo lo que hay que comer y se ven los dibujos de frutas, verduras, pescado, un chuletón de carne... Que mal rollo, no? La estampa final es feliz feliz: león, tigre y gacela corren felices y hasta nos explican que comparten festines donde hay de todo (¿también gacela?).

Los cuentos infantiles están cargados de ideología y son perfectos transmisores de los valores y también las hipocresías de la sociedad. Me temo que cuentos como éste ponen su grano de arena a la hora de desvincular la carne de los animales vivos que en su día fueron. Son muchos los niños que simplemente no ven la relación. Yo misma no la veía y me consta que no soy la única. Sino leed la anécdota que explica aquí mi amiga del foro, Lorenisca, por poner sólo un ejemplo.

Julieta, por vendida y colaboracionista, te mereces un final menos feliz! ;-)

lunes, 4 de octubre de 2010

Mi recorrido

Me considero un híbrido entre vinciana, damasquiana y emplazada. Creo que tengo algo de vinciana porque siempre he sentido empatía por los animales. Desde muy pequeña quería cuidarlos y protegerlos. Por otra parte desvinculaba totalmente los animales vivos de los que me daban para comer, de una manera pasmosa además, porqué no es que me los tuvieran que dar a trocitos para no reconocer sus cuerpos. Comía caracoles, cabezas, sesos, pies de cerdo... Era muy carnívora. Eso sí, recuerdo que cuando iba al pueblo me tenían que comprar la carne y la leche del supermercado, porque la de allí olía a los animales con los que había estado jugando.

Cuando fui más grande siempre que pensaba en lo que estaba comiendo me daba mucha pena y asco, así que tenía temporadas que no comía carne o algún tipo de carne, pero siempre volvía a cerrar los ojos hasta que llegó un momento damasquiano. Bueno, antes, cuando debía tener unos 15 o 16 años quise hacerme vegetariana pero sin informarme lo más mínimo y, claro, no sabía que comer, de lo que deduje que ser vegetariana era muy difícil o imposible.

Mi momento damasquiano llegó a los 27 años. Un día en una urbanización que hay en una montaña cerca de donde vivo nos encontramos (iba con mi compañero) con una perra abandonada. Estaba muy mal, asustada, enferma, en los huesos. Era totalmente dócil y llevaba una vida miserable. Unos señores de por allí le daban de comer y nos contaron que la habían abandonado de pequeña, que había parido y durante un tiempo tuvo infecciones muy fuertes. Hasta los perros de la urbanización, al verla tan débil, la atacaban siempre que podían. Me afectó mucho y estuve subiendo algunos días a verla y llevarle comida pero la realidad es que no hice nada por ella. Pude llamar a una protectora, buscar alguien con coche para ir a recogerla, hacer algo, pero no lo hice. Me vi a mi misma de brazos cruzados y mirando hacia otro lado, justamente lo que estaba haciendo cuando comía un plato de carne. Decidí que eso tenía que cambiar y que me iba a hacer vegetariana, dedicando el tiempo que necesitara pero sin dar marcha atrás. Enseguida dejé el cerdo y la vaca (comerlos me resultaba repulsivo, como una especie de canibalismo) y gradualmente dejé el pescado y el pollo.

También me considero una emplazada porque ha sido a base de informarme que finalmente he dado el paso al veganismo. Antes apenas sabía que era y si alguien me hubiera preguntado a lo mejor hubiera dicho: vegana, yo, nunca!

Éste ha sido mi recorrido, o lo que llevo de él, porque el camino es largo y la ayuda que necesitan los animales, mucha.

A veces pienso que fue esa perra, pero podría haber sido cualquier otra cosa, antes, más tarde o quizás nunca. Creo que tarde o temprano habría llegado... o eso quiero pensar. Por supuesto, nunca me perdonaré no haberla ayudado, pero creo que es mejor mirar hacia delante, mirar todo lo que podemos hacer.


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El sábado, 2 de octubre, fuimos a la manifestación por los derechos de los animales que con motivo del día mundial de los animales de granja convocaron diverses entitades en Barcelona. Me pareció que éramos muchos. No llegamos a mil, pero éramos cientos. Fue un momento genial, sentirse rodeada por tanta gente con la que tienes algo tan importante en común y reencontrarse con los compañeros animalistas. Y después Libera! nos invitó a una degustación en el Ecocentre. La mejor manera de pasar una tarde del sábado :-)

sábado, 18 de septiembre de 2010

Vincianos, damasquianos y emplazados: cual es tu recorrido?

Tom Regan, en su libro Jaulas vacías (Barcelona: Fundación Altarriba, 2006) se pregunta sobre la experiencia que lleva a alguien a convertirse en un ARA (Animal Rights Advocats, que en castellano serían los defensores de los derechos de los animales) e intenta hacer una clasificación.

Un buen día alguien se mira al espejo y descubre a un defensor de los animales, pero qué ha pasado para que llegue hasta aquí? Habríamos sufrido un cambio de percepción de la realidad. Un ejemplo gráfico es de las imágenes donde se pueden ver unas figuras u otras. Antes veríamos sólo el jarrón y ahora veríamos también las caras.



Regan explica los diferentes procesos de cambio de los ARA a través de las siguientes tipologías:

Vincianos

Los ARA vincianos son aquellos que de niños empatizan con los animales humanos de forma natural. Para ellos los animales son sus amigos y sienten por ellos respeto y lealtad.

El nombre proviene de Leonardo da Vinci, que, como estos niños, sentía un amor innato por los animales. Para quien no lo sepa, el genio del Renacimiento era vegetariano y hacía cosas tan "infantiles" como ir a comprar los pájaros del mercado para después dejarlos en libertad.

Desgraciadamente muchos niños vincianos no pueden desarrollar su verdadera naturaleza por la influencia de la familia, la escuela y la sociedad en general.

Según Regan no son muchos los ARA vincianos.

Damasquianos

Los ARA damasquianos adquieren la conciencia animalista a raíz de una experiencia, generalmente traumática, y esto sucede en una abrir y cerrar de ojos, de manera parecida a la conversión al Cristianismo de Saul, después San Pablo, cuando iba camino de Damasco.

Son muchas las experiencias damasquianas, pero aquí describo alguna para que os hagáis una idea. Una pareja quedó paralizada en un atasco y justo delante tenían un camión lleno de cerdos camino del matadero. No pudieron evitar que sus miradas se cruzaran con las de algunos de ellos y eso les provocó un cambio dentro de ellos. También recuerdo haber leído la experiencia de un combatiente en la Segunda Guerra Mundial que, tras una explosión, vió pasar desesperada una yegua cubierta de llamas. Se cruzaron sus miradas y fue como si ella le preguntara: qué he hecho yo para merecer esto?

En esta cita, la escritora Alice Walker describe lo que parece una experiencia damasquiana: "Cuando un día hablábamos sobre la libertad y la justicia estábamos sentados ante filetes. Estoy comiendo miseria, pensé para mí cuando tomé el primer bocado, y lo escupí".

En la actualidad, creo que el documental Earthlings ha sido la experiencia damasquiana para el cambio de percepción de muchos animalistas.

Emplazados

Según Regan son la gran mayoría y por tanto la gran esperanza de los animales, por eso dedica su libro a ellos. Los emplazados son aquellos que sin tener una conciencia animalista innata ni haber sufrido una experiencia que les haya provocado un cambio de percepción, se van convirtiendo en ARA poco a poco. Sería un proceso gradual, en el que la persona se plantearía dudas, buscaría información, encontraría respuestas... El propio autor se considera un claro ejemplo de emplazado. Filósofo activista en la defensa de los derechos humanos un día cayó en sus manos un libro de Gandhi que le lanzaba el reto del respeto hacia los animales. Debió sentir destapada su incoherencia (inconsistencia, disonancia...), lo que le llevó a investigar el tema, buscando argumentos consistentes para poder seguir como hasta entonces, excluyendo al resto de animales de su consideración moral. Los buscó, pero muy a su pesar no los encontró. Al contrario, acabó convirtiéndose en uno de los filósofos de referencia sobre el tema de los derechos de los animales.

Otro día cuento mi recorrido. Y si vosotros me queréis contar el vuestro, o en qué punto del camino estáis, pues será muy bienvenido.

martes, 7 de septiembre de 2010

Disonancia y cambio

Siguiendo con el tema del cambio y muy relacionado con el tema de la inconsistencia moral, hace unas semanas, haciendo zapping, me encontré con la repetición de uno de los programas de la pasada temporada de Redes. Lo pillé casi al final, pero enseguida me quedé enganchada. Se trata de una conferencia en la que Carol Anne Tavris, psicóloga social y escritora, habla de la disonancia. Explica que la mente humana no acepta la disonancia (algo así como la inconsistencia moral?) y que por tanto es reacia a la crítica y al cambio. Por lo visto las personas nos sentimos buenas y competentes y si alguien nos muestra lo contrario podemos reaccionar de dos maneras distintas: agradeciéndole que nos haya facilitado esa información o mandándolo a tomar un poco de viento. Os podéis imaginar cual es la actitud más común... También dice cosas tan interesantes y por muchos conocidas como que los males del mundo no se deben a algunas personas malvadas, sino a muchas personas que creyéndose buenas cometen actos inmorales, pero se autojustifican para así tener sus conciencias tranquilas.

La ciencia nos dice que la mente humana es reacia al cambio pero el cambio es posible.

La relación con lo que estamos haciendo con las animales es tan clara que no creo que haga falta ni comentarla. A la mayoría de la gente no le interesa saber, es demasiado incómodo. Además mirar hacia otro lado es fácil cuando la práctica totalidad de la sociedad ha firmado un pacto de silencio alrededor de este tema.

Si os interesa, aquí tenéis el programa. Se titula "La ciudad de las ideas" y la conferencia de la que os hablo la encontraréis hacia el final.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Lo siento

Siento escribir sobre esto pero no puedo pasarlo por alto. El perro al que me refería aquí ha sido sacrificado. Salí a comprar el pan y me lo encontré por la calle muy asustado, se metía en la carretera de lo perdido que iba. Después le perdí la vista, hablé con la asociación animalista de mi ciudad y me dijeron que seguramente lo recogería la policia local. Llamamos a la policía para asegurarnos y así era, nos dijeron que estaba en el depósito de coches de la grua y a la mañana siguiente se lo llevaban al CCAAC del Barcelonés Nord, una perrera que está en Badalona. Conseguimos una foto suya, en el depósito de coches, con la esperanza de que otras protectoras pudieran hacerle difusión.

Conozco gente que está muy metida en el tema de protectoras y todos me dieron muy malas referencias del CCAAC. Pobre de mí, llamé y les pregunté si sacrificaban. Evidentemente, me dijeron que no, de hecho en Catalunya es ilegal, pero tenemos una ley que permite el sacrificio por razones humanitarias o cuando hay peligro de contagio. No hay que ser muy espavilado, para ver que esta ley deja la puerta abierta a la arbitrariedad.

Los del CCAAC bautizaron al perro como Moe y lo pusieron en su pàgina web de adopciones. Hasta llegué a pensar que todo estaba bien. La semana pasada vi que no estaba en la web, llamé y su respuesta fue que habían detectado que estaba enfermo, le hicieron la prueba de la leishmania y salió positivo. Esta es una enfermedad que aunque es incurable, se puede tratar, pero ellos no lo hacen y ante el peligro de contagio sacrifican.

No sé que pensar. Sólo sé que ellos tienen la sartén por el mango y la vulnerabilidad de los animales es total. Pienso que pocos animales que allí entren tienen posibilidad de salir vivos, porque enfermar en algún momento es algo bastante probable.

Siento no haber hecho lo suficiente por él. No es la primera vez que tengo esta sensación. Siento que este mundo sea tan injusto, con unos políticos que no ponen los recursos necesarios para que esto cambie, pero sobre todo con unas personas, con las que seguro que me cruzo a diario, que con sus actos egoistas e irresponsables (abandonar, no esterilizar, vender y comprar perros y gatos cuando los refugios estan saturadísimos) llenan las perreras de criaturas a las que en muchos casos sólo les espera la muerte.

Esta es la foto que tengo de él. Lo siento.