Yo soy privilegiada. Se me respeta la vida, se me reconoce el derecho a no ser usada y lo mejor, puedo usar a otros sin que nadie me pida cuentas. Que por qué? Está claro. Porque yo soy humana y ellos solo son animales.
---
A parte de esta ida de pelota, y en la linea de lo que explicaba, os dejo este cortometraje titulado La mirada circular. Un viaje a la piel del otro, al menos para los que no han perdido la capacidad de empatía. Genial.
Mostrando entradas con la etiqueta Cosas mías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cosas mías. Mostrar todas las entradas
miércoles, 4 de mayo de 2011
domingo, 20 de marzo de 2011
Tengo una debilidad
Tengo que confesar que cuando alguien dice que los animales están para que los usemos siento la debilidad de mandarlo a la mierda. Algo parecido me pasa cuando escucho a quien justifica que las mujeres están por debajo de los hombres o que los homosexuales son unos enfermos. Sin embargo, en los dos últimos casos podría hasta hacerlo, ya que éstas ya no son las ideas "oficialmente" aceptadas, las políticamente correctas. En cambio contra los que justifican el uso de animales tienes que poner la mejor sonrisa, cargarte de paciencia y saber comunicar todos los argumentos del mundo. Necesitas una artillería de razonamientos para defender que se respete y se tenga en consideración a individuos que sienten y tienen intereses propios. Increible pero cierto.Y sin embargo, todos los argumentos del mundo, en la gran mayoría de los casos, servirán de bien poco. No es verdad que hubo un tiempo en que se escribían ensayos para defender los derechos más básicos de las mujeres o de las minorías étnicas? Pues eso, que la historia no se ha terminado.
Y en relación con esto, hace unos días, Buenafuente (el humorista del que hablé el otro día, y que conste que no tengo ninguna fijación con él) fue noticia en relación con el maltrato a los animales. Buenafuente se había adherido a una campaña contra el maltrato animal y un usuario de Twitter comentó: "Libia en plena guerra y la preocupación de Buenafuente y otros es el maltrato animal. Vaya tela", a lo que el humorista le contestó "Tú eres gilipollas". Todo esto ha traído su cola, porque es verdad que no son las mejores formas, aunque ante argumentos demagógicos y cargados de mala fe a uno se le puede ir la lengua. Somos humanos.
Los animalistas no podemos permitirnos esa despreocupación en nuestras respuestas, porque con nuestra voz estamos dando voz a otros y debemos ser responsables, aunque muchas veces se nos quede en el buche un vete a la mierda, mayúsculo.
La campaña a la que se refería pide el endurecimiento de las penas contra el maltrato animal, una eterna petición que estos días ha sido reavivada por el caso del cachorro Schnauzi, que fue grabado por su asesino mientras lo torturaba hasta la muerte. Cosas así destrozan el alma de uno. Ante tanta maldad no hay comentarios posibles. En muchas ciudades españolas se han convocado manifestaciones para el día 25 y todos los que no somos indiferentes ante el maltrato animal deberíamos asistir. Tenemos que ser muchos para que los políticos entiendan que se trata de una preocupación social y la tengan en consideración.
Aquí hay más información sobre las manifestaciones.
Esta campaña busca el endurecimiento contra una clase de maltrato animal, pero no de todo. De todos formas, se ha de ver como un paso en la carrera por conseguir el reconocimiento de los derechos de todos los animales.
Y en relación con esto, hace unos días, Buenafuente (el humorista del que hablé el otro día, y que conste que no tengo ninguna fijación con él) fue noticia en relación con el maltrato a los animales. Buenafuente se había adherido a una campaña contra el maltrato animal y un usuario de Twitter comentó: "Libia en plena guerra y la preocupación de Buenafuente y otros es el maltrato animal. Vaya tela", a lo que el humorista le contestó "Tú eres gilipollas". Todo esto ha traído su cola, porque es verdad que no son las mejores formas, aunque ante argumentos demagógicos y cargados de mala fe a uno se le puede ir la lengua. Somos humanos.
Los animalistas no podemos permitirnos esa despreocupación en nuestras respuestas, porque con nuestra voz estamos dando voz a otros y debemos ser responsables, aunque muchas veces se nos quede en el buche un vete a la mierda, mayúsculo.
La campaña a la que se refería pide el endurecimiento de las penas contra el maltrato animal, una eterna petición que estos días ha sido reavivada por el caso del cachorro Schnauzi, que fue grabado por su asesino mientras lo torturaba hasta la muerte. Cosas así destrozan el alma de uno. Ante tanta maldad no hay comentarios posibles. En muchas ciudades españolas se han convocado manifestaciones para el día 25 y todos los que no somos indiferentes ante el maltrato animal deberíamos asistir. Tenemos que ser muchos para que los políticos entiendan que se trata de una preocupación social y la tengan en consideración.
Aquí hay más información sobre las manifestaciones.
Esta campaña busca el endurecimiento contra una clase de maltrato animal, pero no de todo. De todos formas, se ha de ver como un paso en la carrera por conseguir el reconocimiento de los derechos de todos los animales.
lunes, 28 de febrero de 2011
Dos preguntas
Sé cómo están las cosas, o así lo creo. La realidad se esconde y nos la escondemos, son muchos los intereses económicos, políticos y personales para continuar como siempre, para no cambiar.
Mi camino lo inicié al ser consciente de mi hipocresía, de mi autocomplacencia. Hasta los 27 años no dejé la carne y tardé 3 años más en dejar el resto de productos fruto de la explotación animal. Ahora siento que debo hacer algo más, porque son demasiados lo indiferentes, prácticamente todos, y muy pocos los que estamos dispuestos a hacer algo por los que están a nuestra merced, totalmente desprotegidos y vulnerables.
Sin embargo, desde que tengo conciencia siempre he sentido un malestar ante el plato de carne. Era un malestar que iba y venía, tampoco estaba siempre presente y cuando aparecía me cuidaba de esconderlo. Iba a temporada, a días o momentos, pero el malestar siempre volvía a aparecer y yo siempre lo volvía a esconder. Bien tapadito, para que no me hiciera sufrir y no me obligara a tener que cambiar. Cuantas veces me comí un plato de carne con repugnancia o lo tuve que apartar. Cuantas veces esos restos me recordaron la vida de alguien que había sido. Sin embargo, la mayoría de las veces era indiferente. Eso tampoco lo vamos a negar.
En un mundo en el que el debate sobre el respeto por los animales no humanos es inexistente, o casi, no es raro que te acabes por sentir rara, ridícula, preocupada por algo que no existe a los ojos de la mayoría. Ellos pueden hasta compadecerse de mí, enfadada con el mundo, yendo a contracorriente, creyendo en un mundo que nunca veré y que puede que nunca llegue a ser. Sin embargo, puede que sea todo eso y más, pero lo que nadie podrá decir es que actué con mala fe o que fui cobarde porque pensé una cosa e hice otra.
Me cuesta entender a los omnívoros que comen carne y nunca han sentido el desasosiego de digerir los restos de alguien. Tengo una pregunta para ellos, sin mala fe, pero con incomprensión, quizás la misma que la gente como yo les pueda inspirar. Mi pregunta es: tenéis corazón? A lo mejor me paso, porque para vosotros en el plato no hay alguien sino sólo algo. Es verdad que la empatía también se aprende, pero a mí se me hace difícil entender que alguien no pueda compadecerse por otro ser que también siente, sólo porque es de otra especie. Unos ojos que te miran son unos ojos que te miran. No quiero ofender a nadie, pero a veces no puedo evitar plantearme eso, si tenéis corazón.
Y para aquellos que sí habéis sentido alguna vez ese malestar, mi pregunta es: a qué esperáis para trazar una linea recta entre lo que sentís, pensáis y hacéis? Seguro que tenéis mil dudas y muchas preguntas por responder, pero entonces lo más sensato es buscar respuestas en lugar de esconder vuestro malestar bajo la alfombra de la hipocresía, tal como hacía yo.
Es algo más complejo de lo que yo lo pinto, pero también es verdad que las cosas más terribles de este mundo a veces no se sustentan en la maldad, sino en la ignorancia y la indiferencia de una gran mayoría de buenas personas.
Mi camino lo inicié al ser consciente de mi hipocresía, de mi autocomplacencia. Hasta los 27 años no dejé la carne y tardé 3 años más en dejar el resto de productos fruto de la explotación animal. Ahora siento que debo hacer algo más, porque son demasiados lo indiferentes, prácticamente todos, y muy pocos los que estamos dispuestos a hacer algo por los que están a nuestra merced, totalmente desprotegidos y vulnerables.
Sin embargo, desde que tengo conciencia siempre he sentido un malestar ante el plato de carne. Era un malestar que iba y venía, tampoco estaba siempre presente y cuando aparecía me cuidaba de esconderlo. Iba a temporada, a días o momentos, pero el malestar siempre volvía a aparecer y yo siempre lo volvía a esconder. Bien tapadito, para que no me hiciera sufrir y no me obligara a tener que cambiar. Cuantas veces me comí un plato de carne con repugnancia o lo tuve que apartar. Cuantas veces esos restos me recordaron la vida de alguien que había sido. Sin embargo, la mayoría de las veces era indiferente. Eso tampoco lo vamos a negar.
En un mundo en el que el debate sobre el respeto por los animales no humanos es inexistente, o casi, no es raro que te acabes por sentir rara, ridícula, preocupada por algo que no existe a los ojos de la mayoría. Ellos pueden hasta compadecerse de mí, enfadada con el mundo, yendo a contracorriente, creyendo en un mundo que nunca veré y que puede que nunca llegue a ser. Sin embargo, puede que sea todo eso y más, pero lo que nadie podrá decir es que actué con mala fe o que fui cobarde porque pensé una cosa e hice otra.
Me cuesta entender a los omnívoros que comen carne y nunca han sentido el desasosiego de digerir los restos de alguien. Tengo una pregunta para ellos, sin mala fe, pero con incomprensión, quizás la misma que la gente como yo les pueda inspirar. Mi pregunta es: tenéis corazón? A lo mejor me paso, porque para vosotros en el plato no hay alguien sino sólo algo. Es verdad que la empatía también se aprende, pero a mí se me hace difícil entender que alguien no pueda compadecerse por otro ser que también siente, sólo porque es de otra especie. Unos ojos que te miran son unos ojos que te miran. No quiero ofender a nadie, pero a veces no puedo evitar plantearme eso, si tenéis corazón.
Y para aquellos que sí habéis sentido alguna vez ese malestar, mi pregunta es: a qué esperáis para trazar una linea recta entre lo que sentís, pensáis y hacéis? Seguro que tenéis mil dudas y muchas preguntas por responder, pero entonces lo más sensato es buscar respuestas en lugar de esconder vuestro malestar bajo la alfombra de la hipocresía, tal como hacía yo.
Es algo más complejo de lo que yo lo pinto, pero también es verdad que las cosas más terribles de este mundo a veces no se sustentan en la maldad, sino en la ignorancia y la indiferencia de una gran mayoría de buenas personas.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Cultura animalista
Hace un tiempo Andreu Buenafuente (un humorista catalán, para los que no lo sepan) hacía un monólogo en el que ridiculizaba a vegetarianos y veganos. Por ejemplo, decía que un vegetariano es aquel que te quiere hacer creer que es feliz sin comer carne, o que un vegano es aquel que sólo como vegetales, aunque un día se encontró a uno intentándose comer una farola. Otro día, un monologuista amateur en un programa del tipo "El club de la comedia" explicaba que él era vegetariano y no podía entender como su novia al ver la película "Babe" se ponía a pensar en el McDonald's, porque sería como si a él una selva amazónica le recordara el Ikea. También explicaba que buscando trabajo encontró un anuncio para cubrir una plaza de asesino vestido de payaso, se presentó y resultó que buscaban un torero.
A dónde quiero llegar? Pues bien, como vegana me hacen bastante más gracia los chistes del segundo monologuista. No vamos a engañar a nadie. Pero es verdad que el humor puede ser ofensivo y por lo que veo la mayoría de las veces lo es. Sí, como vegana podría sentirme ofendida por los chistes de Buenafuente, pero para qué?
A uno le gusta decir, o sentir que dicen por él, y no tanto ser dicho. Los vegetarianos y veganos solemos ser objeto de humor, pero pocas veces sujetos, creadores de ese humor. En fin, pienso que no es que sobren los humoristas que hacen chistes sobre vegetarianos, sino que faltan los humoristas vegetarianos que muestren su versión de lo que es ser vegetariano y nos hagan reir con chistes sobre carnívoros, por ejemplo.
Quien habla de humor habla de tantas otras cosas. Faltan personas que sean sujetos, creadoras de una cultura animalista. Hacen falta humoristas, directores de cine, guionistas, presentadores de televisión y un largo etcétera de personas animalistas que muestren el mundo desde nuestro lado. Porque tener la palabra tiene mucho valor. De eso no hay duda.
A mi modo de ver el animalismo se refleja básicamente en la literatura filosófica y sobre el movimiento de los derechos de los animales. Por supuesto, también hay toda una literatura sobre nutrición y cocina vegetariana y vegana. Esto es así por razones obvias, pero pienso que el crecimiento de una cultura animalista sería de gran ayuda, sobre todo porque ayudaría a la normalización, a hacer visible a todo un colectivo y sus ideas.
Es por eso que me gustan tanto los cuentos infantiles para niños vegetarianos/veganos. También las obras de escritores vegetarianos que reflejan su manera de ver las cosas, como Isaac B. Singer o J. M. Coetzee.
Para muestra un botón: aquí os dejo un enlace a la página de un dibujante de cómics vegano que ironiza en sus viñetas sobre el trato que damos a los demás animales.
También hay artistas veganos que muestran sus inquietudes en sus obras. Buscando por internet se pueden encontrar cosas interesantes.
Seguro que debe haber multitud de ejemplos de la cultura animalista y estoy segura que cada vez irá a más. Y a más veganos más fácil será que crezca esa cultura, que en definitiva es una herramienta para ayudar a los demás animales.
A dónde quiero llegar? Pues bien, como vegana me hacen bastante más gracia los chistes del segundo monologuista. No vamos a engañar a nadie. Pero es verdad que el humor puede ser ofensivo y por lo que veo la mayoría de las veces lo es. Sí, como vegana podría sentirme ofendida por los chistes de Buenafuente, pero para qué?
A uno le gusta decir, o sentir que dicen por él, y no tanto ser dicho. Los vegetarianos y veganos solemos ser objeto de humor, pero pocas veces sujetos, creadores de ese humor. En fin, pienso que no es que sobren los humoristas que hacen chistes sobre vegetarianos, sino que faltan los humoristas vegetarianos que muestren su versión de lo que es ser vegetariano y nos hagan reir con chistes sobre carnívoros, por ejemplo.
Quien habla de humor habla de tantas otras cosas. Faltan personas que sean sujetos, creadoras de una cultura animalista. Hacen falta humoristas, directores de cine, guionistas, presentadores de televisión y un largo etcétera de personas animalistas que muestren el mundo desde nuestro lado. Porque tener la palabra tiene mucho valor. De eso no hay duda.
A mi modo de ver el animalismo se refleja básicamente en la literatura filosófica y sobre el movimiento de los derechos de los animales. Por supuesto, también hay toda una literatura sobre nutrición y cocina vegetariana y vegana. Esto es así por razones obvias, pero pienso que el crecimiento de una cultura animalista sería de gran ayuda, sobre todo porque ayudaría a la normalización, a hacer visible a todo un colectivo y sus ideas.
Es por eso que me gustan tanto los cuentos infantiles para niños vegetarianos/veganos. También las obras de escritores vegetarianos que reflejan su manera de ver las cosas, como Isaac B. Singer o J. M. Coetzee.
Para muestra un botón: aquí os dejo un enlace a la página de un dibujante de cómics vegano que ironiza en sus viñetas sobre el trato que damos a los demás animales.
También hay artistas veganos que muestran sus inquietudes en sus obras. Buscando por internet se pueden encontrar cosas interesantes.
Seguro que debe haber multitud de ejemplos de la cultura animalista y estoy segura que cada vez irá a más. Y a más veganos más fácil será que crezca esa cultura, que en definitiva es una herramienta para ayudar a los demás animales.
viernes, 21 de enero de 2011
Cambiamos lo justo
Ya sé que soy una pesada con esto del cambio pero es que es un tema que me interesa. Supongo que me maravilla que haya tantas personas buenas y compasivas que entienden que los animales no son cosas y que merecen respeto pero que no están dispuestas a cambiar un ápice de sus hábitos para ser consecuentes con lo que piensan.
Creo que, en general, cambiamos lo justo, porque cambiar conlleva una crisis, no es cómodo, así que si podemos elegir nos quedamos con la opción fácil: no cambiar. Creo que uno cambia lo justo y necesario para sentirse bien consigo mismo, para mantener su consistencia moral a raya. Por ejemplo, hay mucha gente que tiene suficiente comiendo unos animales y no otros, o comiéndolos menos a menudo. Hay bastantes "vegetarianos" que sólo comen carne en ocasiones especiales, cuando salen con amigos y en las reuniones familiares. De esta forma no "hacen un feo" y tampoco tienen que comprometerse demasiado. Pueden evitar las burlas y el tener que sentirse los "raritos" de la fiesta. Con esto no pretendo criticar a nadie, además soy de las que piensa que hacer algo es siempre mejor que no hacer nada y dando un paso estamos más cerca de dar otro... y otro.
Si lo pienso un poco, yo me hice ovo-lacto-vegetariana cuando no pude soportar seguir comiendo animales y me hice vegana cuando no pude soportar más seguir consumiendo productos que provenían de la explotación de los animales. No creo que fuera una elección, porque no hubiera elegido ir a contracorriente con lo cómodo y agradable que es dejarse llevar por las aguas cristalinas ;-)
También es más fácil cambiar cuando tenemos poco que perder. No suena muy bien pero así lo creo, aunque no se puede generalizar. Por ejemplo, hay épocas de la vida en las que uno está más abierto al cambio. Cuando eres adolescente o vas a la universidad todavía estás formando tu identidad, estás más abierto a nuevas ideas y eres más crítico. El principio de la convivencia de una pareja también puede ser un momento favorable al cambio. La cosa se complica cuando estamos asentados, con familia, niños, y nuestro grupo de amigos. Entonces tenemos más que perder.
Si estamos acostumbrados a ser como los demás, desentonar puede ser pedir demasiado, aunque sea a costa de nuestros principios. También hay personas acostumbradas a "desentonar" por gusto o por no poder evitarlo. Puede que el cambio sea más duro "socialmente" para una persona que siempre ha sido como todos los demás, en la manera de pensar, de actuar, de vestir, que para alguien que siempre ha sido un poco "diferente".
Como digo, no se puede generalizar. Si habéis visto el documental Peaceble Kingdom recordaréis los testimonios del grangero y del empresario ganadero. Son tremendos por lo duro que les resultó a estas personas hacerse veganas. No porque fuera duro dejar el bistec, sino por el rechazo de todo su círculo social. Estas personas sentían una necesidad tan fuerte de dejar de ser cómplices de la explotación de los animales que fueron capaces de superar todas estas trabas.
En fin, creo que hay unas circunstancias que favorecen la capacidad de cambio de una persona. Son reflexiones en voz alta. Por supuesto, vuestros comentarios serán bienvenidos.
Y con esto espero acabar y no dar más la vara con este tema.
Creo que, en general, cambiamos lo justo, porque cambiar conlleva una crisis, no es cómodo, así que si podemos elegir nos quedamos con la opción fácil: no cambiar. Creo que uno cambia lo justo y necesario para sentirse bien consigo mismo, para mantener su consistencia moral a raya. Por ejemplo, hay mucha gente que tiene suficiente comiendo unos animales y no otros, o comiéndolos menos a menudo. Hay bastantes "vegetarianos" que sólo comen carne en ocasiones especiales, cuando salen con amigos y en las reuniones familiares. De esta forma no "hacen un feo" y tampoco tienen que comprometerse demasiado. Pueden evitar las burlas y el tener que sentirse los "raritos" de la fiesta. Con esto no pretendo criticar a nadie, además soy de las que piensa que hacer algo es siempre mejor que no hacer nada y dando un paso estamos más cerca de dar otro... y otro.
Si lo pienso un poco, yo me hice ovo-lacto-vegetariana cuando no pude soportar seguir comiendo animales y me hice vegana cuando no pude soportar más seguir consumiendo productos que provenían de la explotación de los animales. No creo que fuera una elección, porque no hubiera elegido ir a contracorriente con lo cómodo y agradable que es dejarse llevar por las aguas cristalinas ;-)
También es más fácil cambiar cuando tenemos poco que perder. No suena muy bien pero así lo creo, aunque no se puede generalizar. Por ejemplo, hay épocas de la vida en las que uno está más abierto al cambio. Cuando eres adolescente o vas a la universidad todavía estás formando tu identidad, estás más abierto a nuevas ideas y eres más crítico. El principio de la convivencia de una pareja también puede ser un momento favorable al cambio. La cosa se complica cuando estamos asentados, con familia, niños, y nuestro grupo de amigos. Entonces tenemos más que perder.
Si estamos acostumbrados a ser como los demás, desentonar puede ser pedir demasiado, aunque sea a costa de nuestros principios. También hay personas acostumbradas a "desentonar" por gusto o por no poder evitarlo. Puede que el cambio sea más duro "socialmente" para una persona que siempre ha sido como todos los demás, en la manera de pensar, de actuar, de vestir, que para alguien que siempre ha sido un poco "diferente".
Como digo, no se puede generalizar. Si habéis visto el documental Peaceble Kingdom recordaréis los testimonios del grangero y del empresario ganadero. Son tremendos por lo duro que les resultó a estas personas hacerse veganas. No porque fuera duro dejar el bistec, sino por el rechazo de todo su círculo social. Estas personas sentían una necesidad tan fuerte de dejar de ser cómplices de la explotación de los animales que fueron capaces de superar todas estas trabas.
En fin, creo que hay unas circunstancias que favorecen la capacidad de cambio de una persona. Son reflexiones en voz alta. Por supuesto, vuestros comentarios serán bienvenidos.
Y con esto espero acabar y no dar más la vara con este tema.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Cuento vegano de Navidad
En Nochebuena mi tía llamó diciendo que algo le había sentado mal, pero no era nada extraño porque es muy delicada del estómago.
El día de Navidad mi familia comió como si no hubiera crisis: marisco, pavo, cordero... Nosotros nos quedamos llenos con el seitán al vino que nos preparó mi madre. Todo iba bien hasta que a media tarde empezaron los dolores de barriga y las caras pálidas, así que nos tuvimos que recoger pronto y a Fernando y a mí, que éramos los únicos que no nos encontrábamos mal, nos tocó recoger y fregar los platos.
El día de Sant Esteve, a pesar de las buenas intenciones, fue imposible reunirnos. Toda mi familia al completo sufría de diarrea y vómitos. Mi hermano, para variar, además estaba resfriado. Viendo que la cosa iba a más llamé al hospital pero me contaron que estaban colapsados y que no eran los únicos. Me explicaron que eran muchos los casos con el mismo cuadro clínico. En la televisión incluso se empezaba a hablar de una epidemia que podría estar afectando a medio mundo. Todo apuntaba a que la causa de la enfermedad era la carne, ya que todos los afectados la habían consumido en las fiestas navideñas, pero todavía no habían podido identificar el virus que la provocaba. El problema era de grandes magnitudes y ya os podéis imaginar que empezaba a cundir el pánico. La gente se estaba yendo por la pata abajo.
Así que estamos a día 30, es mi cumple pero no estoy para celebraciones. En verdad, este fin de año parece que tenga que ser el fin del mundo. Pero no era en el 2012 cuando tenía que pasar algo gordo?
Nota1. Lo que ellos no saben es que Dios, con toda la móvida de la ILP, se ha empezado a interesar en los derechos de los animales (sí, le ha costado un poco) y después de mucho leer y mucho indagar en internet se ha hecho vegano y ha decidido dar un susto a la humanidad mandando una señal, bastante poco sutil, por cierto. Hubiera sido más fácil y elegante echar mano de la iluminación, pero él es más de mandar señales. Aunque, la verdad sea dicha, tampoco tiene mucha fe en que esta vez le funcione porque no sería la primera vez que los humanos no acaban de pillar sus indirectas.
Nota2. Lo que Dios no sabe es que muy probablemente no exista o almenos no en forma de señor gordo y barbudo que reparte castigos y perdones desde un trono de nubes. Lo que sí que es seguro es que como seres humanos tenemos la capacidad de guiar nuestras vidas con la voluntad de ser mejores y hacer el mundo un poco mejor. De hecho, la regla de oro de la ética, no hacer a los demás lo que no quieras que te hagan a ti, es la base de todas las religiones.
Nota3. Y para acabar... Mi mayor deseo para estas Navidades es que cada vez seamos más los que incluyamos en nuestros sentimientos de amor y compasión a las criaturas más vulnerables que hay sobre la tierra y que sienten y padecen igual que tú y que yo.
Sin señales, ni castigos, ni perdones... Paz, amor y prosperidad para todos!!
El día de Navidad mi familia comió como si no hubiera crisis: marisco, pavo, cordero... Nosotros nos quedamos llenos con el seitán al vino que nos preparó mi madre. Todo iba bien hasta que a media tarde empezaron los dolores de barriga y las caras pálidas, así que nos tuvimos que recoger pronto y a Fernando y a mí, que éramos los únicos que no nos encontrábamos mal, nos tocó recoger y fregar los platos.
El día de Sant Esteve, a pesar de las buenas intenciones, fue imposible reunirnos. Toda mi familia al completo sufría de diarrea y vómitos. Mi hermano, para variar, además estaba resfriado. Viendo que la cosa iba a más llamé al hospital pero me contaron que estaban colapsados y que no eran los únicos. Me explicaron que eran muchos los casos con el mismo cuadro clínico. En la televisión incluso se empezaba a hablar de una epidemia que podría estar afectando a medio mundo. Todo apuntaba a que la causa de la enfermedad era la carne, ya que todos los afectados la habían consumido en las fiestas navideñas, pero todavía no habían podido identificar el virus que la provocaba. El problema era de grandes magnitudes y ya os podéis imaginar que empezaba a cundir el pánico. La gente se estaba yendo por la pata abajo.
Así que estamos a día 30, es mi cumple pero no estoy para celebraciones. En verdad, este fin de año parece que tenga que ser el fin del mundo. Pero no era en el 2012 cuando tenía que pasar algo gordo?
Nota1. Lo que ellos no saben es que Dios, con toda la móvida de la ILP, se ha empezado a interesar en los derechos de los animales (sí, le ha costado un poco) y después de mucho leer y mucho indagar en internet se ha hecho vegano y ha decidido dar un susto a la humanidad mandando una señal, bastante poco sutil, por cierto. Hubiera sido más fácil y elegante echar mano de la iluminación, pero él es más de mandar señales. Aunque, la verdad sea dicha, tampoco tiene mucha fe en que esta vez le funcione porque no sería la primera vez que los humanos no acaban de pillar sus indirectas.
Nota2. Lo que Dios no sabe es que muy probablemente no exista o almenos no en forma de señor gordo y barbudo que reparte castigos y perdones desde un trono de nubes. Lo que sí que es seguro es que como seres humanos tenemos la capacidad de guiar nuestras vidas con la voluntad de ser mejores y hacer el mundo un poco mejor. De hecho, la regla de oro de la ética, no hacer a los demás lo que no quieras que te hagan a ti, es la base de todas las religiones.
Nota3. Y para acabar... Mi mayor deseo para estas Navidades es que cada vez seamos más los que incluyamos en nuestros sentimientos de amor y compasión a las criaturas más vulnerables que hay sobre la tierra y que sienten y padecen igual que tú y que yo.
Sin señales, ni castigos, ni perdones... Paz, amor y prosperidad para todos!!
sábado, 11 de diciembre de 2010
Traición a la madre
Es un título un poco dramático y algunos puede que lo vean exagerado, pero yo creo que la adopción del veganismo puede vivirse como una traición a la madre.
Hace no mucho alguien me escribía en el blog que un profesor suyo había comentado en clase que era más fácil que alguien cambiara de religión que de dieta. Yo, puede que muy alegremente, le contestaba que hacerse vegano no era difícil y lo comparaba con una mudanza: pasas unos días de agobio pero enseguida todo vuelve a la normalidad. Sigo pensando lo mismo pero también es verdad que alimentarse no es sólo una necesidad fisiológica, sino que tiene mucho de cultural e incluso un componente emocional importante. En este sentido, al profesor no le faltaba razón.
En cualquier caso, un cambio es una crisis y puede que sea especialmente duro cuando lo que cambias son tus hábitos más básicos, los que te han transmitido desde pequeño. Una vez, una compañera del foro me dijo que para ella hacerse vegana había sido como una traición a si misma. Me hizo gracia porque yo había pensado algo parecido, aunque en lugar de pensar en una traición a mí misma, había pensado en una traición a mi madre, que viene a ser lo mismo o parecido.
Puede que me coma mucho la cabeza, pero tampoco es una idea tan descabellada. Hemos crecido entre los olores de la comida que nos hacía nuestra madre y un buen día renegamos de todo eso y empezamos un camino nuevo, sin referentes. No tenemos el estofado de tofu de la abuela, ni las albóndigas de seitán de la mama... Nos quedamos un poco huérfanos.
Pero al final, y aquí quería llegar, las aguas vuelven a su cauce. Nos instalamos bien en nuestra nueva casa y estamos contentos con el cambio. Hemos salido ganando y, en cualquier caso, tenemos la satisfacción de haber hecho lo que debíamos.
Si hay buena voluntad por todas las partes, la traición a la madre se convierte en una pequeña infidelidad. De hecho mi forma de cocinar sigue siendo muy parecida a la de mi madre. Mi madre no sólo ha dejado de insistir en que coma huevos y leche, sino que me compra productos nuevos que a mí nunca se me ocurriría comprar, me pasa recetas veganas y adapta las de siempre. Ella me ha enseñado a hacer platos veganos riquísimos y en las reuniones familiares compartimos nuevos platos que nos gustan mucho y que no tienen nada que envidiar a los de antes.
He de confesar que el comentario que más me ha dolido como vegetariana fue cuando mi madre me dijo que le gustaría que comiera carne. Es una tontería, pero me dolió. Supogo que los padres quieren lo mejor para sus hijos y a veces piensan que lo mejor es el complicarse lo mínimo, el pensar sólo en si mismos y sus familias sin preocuparse demasiado por todo lo demás. Alguna vez mi madre me ha dicho que las personas que más admira son las que lo dejan todo y se dedican en cuerpo y alma a una causa, pero sé que si le dijera a mi madre que lo dejo todo para irme de cooperante a un país del tercer mundo le daría un gran disgusto. No sé si me explico. Del mismo modo, sé que mi madre no está tan defraudada por el hecho de que sea vegana. Si así fuera no iría explicándole a sus amigas que lo soy ;-)
---
Ayer 10 de diciembre fue el Día internacional de los derechos de los animales, coincidiendo con el de los derechos humanos. Esto es así porque el mismo día, en diferentes años, se proclamaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Declaración Universal de los Derechos de los Animales.
Se trata de una buena ocasión para recordar que todos tendríamos que estar por las dos causas, ya que al final se trata de defender a todos aquellos que sienten y sufren, independientemente de su edad, nacionalidad, raza, religión, orientación sexual, ideología, sexo o especie.
Hace no mucho alguien me escribía en el blog que un profesor suyo había comentado en clase que era más fácil que alguien cambiara de religión que de dieta. Yo, puede que muy alegremente, le contestaba que hacerse vegano no era difícil y lo comparaba con una mudanza: pasas unos días de agobio pero enseguida todo vuelve a la normalidad. Sigo pensando lo mismo pero también es verdad que alimentarse no es sólo una necesidad fisiológica, sino que tiene mucho de cultural e incluso un componente emocional importante. En este sentido, al profesor no le faltaba razón.
En cualquier caso, un cambio es una crisis y puede que sea especialmente duro cuando lo que cambias son tus hábitos más básicos, los que te han transmitido desde pequeño. Una vez, una compañera del foro me dijo que para ella hacerse vegana había sido como una traición a si misma. Me hizo gracia porque yo había pensado algo parecido, aunque en lugar de pensar en una traición a mí misma, había pensado en una traición a mi madre, que viene a ser lo mismo o parecido.
Puede que me coma mucho la cabeza, pero tampoco es una idea tan descabellada. Hemos crecido entre los olores de la comida que nos hacía nuestra madre y un buen día renegamos de todo eso y empezamos un camino nuevo, sin referentes. No tenemos el estofado de tofu de la abuela, ni las albóndigas de seitán de la mama... Nos quedamos un poco huérfanos.
Pero al final, y aquí quería llegar, las aguas vuelven a su cauce. Nos instalamos bien en nuestra nueva casa y estamos contentos con el cambio. Hemos salido ganando y, en cualquier caso, tenemos la satisfacción de haber hecho lo que debíamos.
Si hay buena voluntad por todas las partes, la traición a la madre se convierte en una pequeña infidelidad. De hecho mi forma de cocinar sigue siendo muy parecida a la de mi madre. Mi madre no sólo ha dejado de insistir en que coma huevos y leche, sino que me compra productos nuevos que a mí nunca se me ocurriría comprar, me pasa recetas veganas y adapta las de siempre. Ella me ha enseñado a hacer platos veganos riquísimos y en las reuniones familiares compartimos nuevos platos que nos gustan mucho y que no tienen nada que envidiar a los de antes.
He de confesar que el comentario que más me ha dolido como vegetariana fue cuando mi madre me dijo que le gustaría que comiera carne. Es una tontería, pero me dolió. Supogo que los padres quieren lo mejor para sus hijos y a veces piensan que lo mejor es el complicarse lo mínimo, el pensar sólo en si mismos y sus familias sin preocuparse demasiado por todo lo demás. Alguna vez mi madre me ha dicho que las personas que más admira son las que lo dejan todo y se dedican en cuerpo y alma a una causa, pero sé que si le dijera a mi madre que lo dejo todo para irme de cooperante a un país del tercer mundo le daría un gran disgusto. No sé si me explico. Del mismo modo, sé que mi madre no está tan defraudada por el hecho de que sea vegana. Si así fuera no iría explicándole a sus amigas que lo soy ;-)
---
Ayer 10 de diciembre fue el Día internacional de los derechos de los animales, coincidiendo con el de los derechos humanos. Esto es así porque el mismo día, en diferentes años, se proclamaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Declaración Universal de los Derechos de los Animales.
Se trata de una buena ocasión para recordar que todos tendríamos que estar por las dos causas, ya que al final se trata de defender a todos aquellos que sienten y sufren, independientemente de su edad, nacionalidad, raza, religión, orientación sexual, ideología, sexo o especie.
domingo, 31 de octubre de 2010
1 de noviembre: Día Internacional del Veganismo
"No dudes que en un pequeño grupo de personas reflexivas y comprometidas puede cambiar el mundo. De hecho, es la única cosa que siemrpre lo ha cambiado." Margared Mead
Estamos todavía muy lejos de la gente. El tema de los derechos de los animales está lejos, aunque no tanto como hace unos años, del debate moral de la sociedad, pero nos toca a nosotros llevarlo allí, para que no quede escondido para siempre.
Así como si hoy alguien hace un comentario machista (en estos días ha habido dos casos destacados: el del alcalde de Valladolid y el de escritor Sánchez-Dragó) la sociedad reacciona en su contra, algún día puede que haya que cuidarse mucho de decir que se está a favor de la explotación de los animales. Pienso en el caso de los toros, donde en algunos sectores sociales ya está mal visto manifestarse a favor, aunque todavía una mayoría de los personajes públicos se cuidan mucho de condenarlos por miedo a las consecuencias. Creo que esto pone de manifiesto que vivimos en una sociedad en la cual la gente sigue una pauta moral para ser aceptada y no por convicción.
Pedir que la mayoría reflexione sobre si su vida es ética o no y actue en consecuencia puede que sea demasiado. Seguramente el camino será ir cambiando las pautas morales para que las personas acepten unos nuevos códigos morales y los asuman como propios.
No hace tanto maltratar una mujer o un niño era el pan nuestro de cada día y nadie hablaba de ellos ni se condenaba. No hablemos ya del maltrato a los animales. Ahora somos mejores que antes? En todo caso nuestra sociedad ha evolucionado, pero nosotros, las personas, no somos ni mejores ni peores. En mi opinión, simplemente vivimos en una sociedad en la que condenar el maltrato y los comportamientos machistas en general es fácil y, de hecho, es lo que se espera de nosotros. Es gracioso porque aunque pocas mujeres se consideren feministas, lo cierto es que muchas de las reivindaciones feministas han sido asumidas por las "no feministas" y, aún más, por sus hombres. Puede que algún día suceda algo parecido con las reivindicaciones animalistas. De hecho ya está empezando a pasar en el caso del maltrato a animales "de compañía", el uso de pieles o los espectáculos con animales.
Hay casos de personas que una vez saben lo que hacemos con los animales, por ejemplo después de ver el documental Earthlings, simpatizan con la causa animalista e incluso confiesan que no les importaría ser veganos en una sociedad donde fuera más fácil serlo. Su comodidad se antepone a su sentido de la justicia. Realmente no es gracias a estas personas por las que evoluciona moralmente una sociedad. Supongo que estas buenas personas pasivas e indiferentes son la mayoría. En el otro extremo están aquellos que, a pesar de no tener autoridad ni prácticamente referentes, son lo suficientemente valientes para ir a contracorriente, siendo coherentes con lo que les dictan sus sentimientos y su razón. Por eso, para mí las dos virtudes que definen mejor a un vegano son bondad y valentia. Definitivamente, creo que el veganismo se merece su día, no?
Estamos todavía muy lejos de la gente. El tema de los derechos de los animales está lejos, aunque no tanto como hace unos años, del debate moral de la sociedad, pero nos toca a nosotros llevarlo allí, para que no quede escondido para siempre.
Así como si hoy alguien hace un comentario machista (en estos días ha habido dos casos destacados: el del alcalde de Valladolid y el de escritor Sánchez-Dragó) la sociedad reacciona en su contra, algún día puede que haya que cuidarse mucho de decir que se está a favor de la explotación de los animales. Pienso en el caso de los toros, donde en algunos sectores sociales ya está mal visto manifestarse a favor, aunque todavía una mayoría de los personajes públicos se cuidan mucho de condenarlos por miedo a las consecuencias. Creo que esto pone de manifiesto que vivimos en una sociedad en la cual la gente sigue una pauta moral para ser aceptada y no por convicción.
Pedir que la mayoría reflexione sobre si su vida es ética o no y actue en consecuencia puede que sea demasiado. Seguramente el camino será ir cambiando las pautas morales para que las personas acepten unos nuevos códigos morales y los asuman como propios.
No hace tanto maltratar una mujer o un niño era el pan nuestro de cada día y nadie hablaba de ellos ni se condenaba. No hablemos ya del maltrato a los animales. Ahora somos mejores que antes? En todo caso nuestra sociedad ha evolucionado, pero nosotros, las personas, no somos ni mejores ni peores. En mi opinión, simplemente vivimos en una sociedad en la que condenar el maltrato y los comportamientos machistas en general es fácil y, de hecho, es lo que se espera de nosotros. Es gracioso porque aunque pocas mujeres se consideren feministas, lo cierto es que muchas de las reivindaciones feministas han sido asumidas por las "no feministas" y, aún más, por sus hombres. Puede que algún día suceda algo parecido con las reivindicaciones animalistas. De hecho ya está empezando a pasar en el caso del maltrato a animales "de compañía", el uso de pieles o los espectáculos con animales.
Hay casos de personas que una vez saben lo que hacemos con los animales, por ejemplo después de ver el documental Earthlings, simpatizan con la causa animalista e incluso confiesan que no les importaría ser veganos en una sociedad donde fuera más fácil serlo. Su comodidad se antepone a su sentido de la justicia. Realmente no es gracias a estas personas por las que evoluciona moralmente una sociedad. Supongo que estas buenas personas pasivas e indiferentes son la mayoría. En el otro extremo están aquellos que, a pesar de no tener autoridad ni prácticamente referentes, son lo suficientemente valientes para ir a contracorriente, siendo coherentes con lo que les dictan sus sentimientos y su razón. Por eso, para mí las dos virtudes que definen mejor a un vegano son bondad y valentia. Definitivamente, creo que el veganismo se merece su día, no?
lunes, 2 de agosto de 2010
Por qué nos hacemos veganos?
No me refiero a todas las razones para ser vegano, que son muchas (éticas, medioambientales, humanitarias...), sino a porqué un día nos metimos en el embrollo de ir a contracorriente, con lo cómodo que se está siendo como todo el mundo.
Me parece que no hay una receta para explicar porqué uno se hace vegano: la suma de los mismos ingredientes no tiene porqué dar el mismo resultado. Pero a mi entender, estos podrían ser algunos de los factores más importantes:
Principio de consistencia. Somos reacios a aceptar las críticas a nuestra moral. Por otra parte, sentirnos inconsistentes moralmente nos causa malestar y la búsqueda de coherencia nos puede llevar al cambio. A veces un pequeño cambio llevará a otro y después a otro.
Leí en un artículo(1) que la mayoría de las consultas que recibe PETA son en relación con animales de compañía, circos con animales, vivisección y pieles. Esto es porqué la gente prefiere enfrentarse a los casos de maltrato animal de los que no se sienten responsables personalmente. Sin embargo, preocuparse de unos puede ser un principio para descubrir nuestra inconsistencia y hacer que nos vayamos comprometiendo cada vez más. Por ejemplo, son muchos los vegetarianos que vienen del ámbito de las protectoras de perros y gatos o que simplemente son personas que se consideraban amantes de los animales y que un buen día decidieron que lo debían ser de verdad.
También hay casos de animalistas con un pasado en el activismo proderechos humanos. Estas personas en algún momento de sus vidas se sintieron incoherentes por preocuparse por los humanos desfavorecidos y no hacerlo por los no humanos, que también lo eran.
De un modo parecido, son muchos veganos los que han dado el paso desde el ovo-lacto-vegetarianismo al notar que tomando leche y huevos también estaban participando en la explotación de los animales.
Actitud crítica. Para cambiar es necesario tener una cierta actitud crítica, que permita plantearse que hace uno mismo o lo que es uno mismo. Todo el mundo es capaz de juzgar lo que hacen otros, lo que se hacía en otras épocas o lugares, pero no todos estamos dispuestos a juzgarnos a nosotros mismos.
A todos, en cierto modo, nos desagrada la autocrítica, sobre todo si viene de fuera y en según qué formas, pero pienso que es nuestro deber ser capaces de juzgarnos y replantearnos... siempre. Para mí, sin duda, la capacidad crítica es un síntoma de inteligencia y valentía.
Empatía. Puede que sea la base de todo. Sin empatía la cosa se complica. Sin embargo, existen casos de personas que se han hecho veganas sin sentir especial empatía hacia los animales. Podrían ver todos los vídeos de granjas industriales y mataderos del mundo sin llegar a plantearse cambiar sus hábitos de alimentación. Sin embargo, serían los razonamientos lógicos los que les llevarían al cambio. Puede parecer increible, pero es cierto.
Las razones no bastan, también están las experiencias propias y todos estos ingredientes que he enumerado y muchos otros que seguramente me dejo. Desgraciadamente no hay una receta mágica.
(1) Phelps, Norm. Activismo de vía única: los animales pagan el precio.
Este artículo me lo pasaron fotocopiado y desconozco la fuente. Para mí es un artículo muy útil e interesante, aunque reconozco que para muchos resultará polémico.
---
Y hablando de otra cosa, por fin estoy de vacaciones... :-)
Me parece que no hay una receta para explicar porqué uno se hace vegano: la suma de los mismos ingredientes no tiene porqué dar el mismo resultado. Pero a mi entender, estos podrían ser algunos de los factores más importantes:
Principio de consistencia. Somos reacios a aceptar las críticas a nuestra moral. Por otra parte, sentirnos inconsistentes moralmente nos causa malestar y la búsqueda de coherencia nos puede llevar al cambio. A veces un pequeño cambio llevará a otro y después a otro.
Leí en un artículo(1) que la mayoría de las consultas que recibe PETA son en relación con animales de compañía, circos con animales, vivisección y pieles. Esto es porqué la gente prefiere enfrentarse a los casos de maltrato animal de los que no se sienten responsables personalmente. Sin embargo, preocuparse de unos puede ser un principio para descubrir nuestra inconsistencia y hacer que nos vayamos comprometiendo cada vez más. Por ejemplo, son muchos los vegetarianos que vienen del ámbito de las protectoras de perros y gatos o que simplemente son personas que se consideraban amantes de los animales y que un buen día decidieron que lo debían ser de verdad.
También hay casos de animalistas con un pasado en el activismo proderechos humanos. Estas personas en algún momento de sus vidas se sintieron incoherentes por preocuparse por los humanos desfavorecidos y no hacerlo por los no humanos, que también lo eran.
De un modo parecido, son muchos veganos los que han dado el paso desde el ovo-lacto-vegetarianismo al notar que tomando leche y huevos también estaban participando en la explotación de los animales.
Actitud crítica. Para cambiar es necesario tener una cierta actitud crítica, que permita plantearse que hace uno mismo o lo que es uno mismo. Todo el mundo es capaz de juzgar lo que hacen otros, lo que se hacía en otras épocas o lugares, pero no todos estamos dispuestos a juzgarnos a nosotros mismos.
A todos, en cierto modo, nos desagrada la autocrítica, sobre todo si viene de fuera y en según qué formas, pero pienso que es nuestro deber ser capaces de juzgarnos y replantearnos... siempre. Para mí, sin duda, la capacidad crítica es un síntoma de inteligencia y valentía.
Empatía. Puede que sea la base de todo. Sin empatía la cosa se complica. Sin embargo, existen casos de personas que se han hecho veganas sin sentir especial empatía hacia los animales. Podrían ver todos los vídeos de granjas industriales y mataderos del mundo sin llegar a plantearse cambiar sus hábitos de alimentación. Sin embargo, serían los razonamientos lógicos los que les llevarían al cambio. Puede parecer increible, pero es cierto.
Las razones no bastan, también están las experiencias propias y todos estos ingredientes que he enumerado y muchos otros que seguramente me dejo. Desgraciadamente no hay una receta mágica.
(1) Phelps, Norm. Activismo de vía única: los animales pagan el precio.
Este artículo me lo pasaron fotocopiado y desconozco la fuente. Para mí es un artículo muy útil e interesante, aunque reconozco que para muchos resultará polémico.
---
Y hablando de otra cosa, por fin estoy de vacaciones... :-)
miércoles, 7 de julio de 2010
Cambiar
Para que el maltrato animal en el que se asienta nuestra sociedad acabe, hará falta que los miembros de esa sociedad cambien hacia unos hábitos de vida que no impliquen la explotación y muerte de otros animales. Cómo puede suceder ese cambio? Para mí es una incógnita. Después de escuchar la opinión de gente que lleva tiempo en esto y a partir de la propia experiencia, viendo la actitud general de la gente, se puede decir que si los animales dependen de una revolución moral, de cada individuo, lo tienen muy crudo. Parece que el cambio puede ser gradual y asumido lentamente por la mayoría. Pongamos un ejemplo: si se acaba prohibiendo el uso de animales en los espectáculos circenses, llegará un día no muy lejano donde la gente se indignará ante la sola idea de su existencia en el pasado. La ley les habrá marcado una pauta moral que habrán asumido con éxito. Sin embargo, en una sociedad donde el circo con animales es común, sólo algunos individuos se revelarán contra él y por tanto contra la pauta. Por qué unos sí y otros no?
Me interesa mucho el tema del cambio, quizá porque el mío propio me sorprende: pasar de comer animales a no tomar productos de origen animal y además convertir la lucha por los derechos de los animales en algo central en mi vida.
En algunas de las entradas siguientes quiero tratar sobre el tema del cambio. A ver que nos sale...
Me interesa mucho el tema del cambio, quizá porque el mío propio me sorprende: pasar de comer animales a no tomar productos de origen animal y además convertir la lucha por los derechos de los animales en algo central en mi vida.
En algunas de las entradas siguientes quiero tratar sobre el tema del cambio. A ver que nos sale...
sábado, 15 de mayo de 2010
Ideología
Hagamos un ejercicio mental. Imagina que viajamos en el tiempo y nos plantamos en pleno siglo XVIII. Yo te pregunto: qué opinas de la esclavitud humana? Qué me constestarías? Seguramente me contestarías que te parece una aberración, algo inmoral, algo con lo que hay que acabar. Estás seguro? Y si te digo que Aristóteles justificaba con su filosofía la esclavitud humana? Pero Aristóteles vivió mucho antes, eso es verdad, en cambio nosotros estamos en el siglo de las luces, un siglo al que le debemos mucho y lo nos queda por deberle todavía. Pero, y si te digo que Voltaire, el gran filósofo de la Ilustración, también justificaba la esclavitud humana? Realmente crees que tú o yo hubieramos sido alguien tan avanzado a nuestra época, incluso más que el propio Voltaire?
Sigamos con el ejercicio mental. Ahora estamos en el presente, es aquí y ahora, y yo te pregunto qué opinas de la esclavitud de los animales (a los que hemos bautizado con ese nombre para diferenciarlos claramente de nosotros, autodesignados humanos). No respondas muy rápido, piensa un poco lo que vas a decir. Estás seguro que vas a contestar tú? Estás seguro que tu manera de pensar es realmente la tuya y no la asimilación de una ideología dominante tan bien asumida que ya confundes con tu propia razón?
Y el juego mental sigue, estamos en el futuro y me gusta imaginarme que cuando te pregunto qué opinas de la esclavitud de los animales te escandalizas de lo obvio de la respuesta: como se puede justificar semejante injusticia!
En una charla, ya hace un tiempo, que daba Jesús Mosterín en el CCCB, creo que ya lo expliqué en otro post, una de las cosas que explicó fue la diferencia entre moral y ética. La moral responde a una pauta social, es un código de normas sociales que puede variar de una sociedad a otra, de un tiempo a otro. La ética, por el contrario, es filosofía, es razonamiento crítico. Algo no puede ser ético en el siglo XV y no serlo en el XXI o no serlo en China y serlo en Estados Unidos.
La mayoría de las veces actuamos respondiendo a códigos morales, de otra manera tendríamos que estar razonando a cada momento y eso sería muy agotador. Pero si bien una pauta moral nos puede ayudar a vivir, no deberíamos olvidarnos de nuestro espíritu crítico, de plantearnos las cuestiones fundamentales y no aceptarlo todo sin más, sin interrogarnos a nosotros mismo.
Seguir nuestra razón y nuestros sentimientos, que creo que son imposibles de separar, es una buena medicina para acabar con tantas injusticias, para hacer que el mundo avance a mejor, y no a peor, que también puede. Otros lo han hecho antes que nosotros, pero todavía queda camino por andar.
Sigamos con el ejercicio mental. Ahora estamos en el presente, es aquí y ahora, y yo te pregunto qué opinas de la esclavitud de los animales (a los que hemos bautizado con ese nombre para diferenciarlos claramente de nosotros, autodesignados humanos). No respondas muy rápido, piensa un poco lo que vas a decir. Estás seguro que vas a contestar tú? Estás seguro que tu manera de pensar es realmente la tuya y no la asimilación de una ideología dominante tan bien asumida que ya confundes con tu propia razón?
Y el juego mental sigue, estamos en el futuro y me gusta imaginarme que cuando te pregunto qué opinas de la esclavitud de los animales te escandalizas de lo obvio de la respuesta: como se puede justificar semejante injusticia!
En una charla, ya hace un tiempo, que daba Jesús Mosterín en el CCCB, creo que ya lo expliqué en otro post, una de las cosas que explicó fue la diferencia entre moral y ética. La moral responde a una pauta social, es un código de normas sociales que puede variar de una sociedad a otra, de un tiempo a otro. La ética, por el contrario, es filosofía, es razonamiento crítico. Algo no puede ser ético en el siglo XV y no serlo en el XXI o no serlo en China y serlo en Estados Unidos.
La mayoría de las veces actuamos respondiendo a códigos morales, de otra manera tendríamos que estar razonando a cada momento y eso sería muy agotador. Pero si bien una pauta moral nos puede ayudar a vivir, no deberíamos olvidarnos de nuestro espíritu crítico, de plantearnos las cuestiones fundamentales y no aceptarlo todo sin más, sin interrogarnos a nosotros mismo.
Seguir nuestra razón y nuestros sentimientos, que creo que son imposibles de separar, es una buena medicina para acabar con tantas injusticias, para hacer que el mundo avance a mejor, y no a peor, que también puede. Otros lo han hecho antes que nosotros, pero todavía queda camino por andar.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Por qué soy vegana?
El otro día hice un brainstorming (pequeñito, por eso) de las razones por las que soy vegana y me salió esto.
Soy vegana porque:
- Quiero a mis gatos, Misu y Leo, y no quiero que les hagan sufrir. Por qué voy a querer el sufrimiento de otros?
- Quiero creer que los humanos podemos ser realmente humanos.
- No puedo ni quiero seguir mirando hacia otro lado. No quiero ser cómplice. No lo haréis en mi nombre.
- Sabiendo lo que sé, la carne de un animal es canibalismo y la leche de una vaca, tan poco apetecible como la de una mujer.
- Intento no ser hipócrita ni autocomplaciente. Intento ser valiente y hacer lo que debo hacer, no lo que resulta más fácil, que es seguir la corriente.
- Sé lo que es sufrir y lo mínimo que puedo hacer es dar mi voz a los que sufren y no se pueden defender.
También están las razones medioambientales e incluso humanitarias, pero no hace falta que me vaya tan lejos. Misu y Leo y todos los animales que de una manera u otra han pasado por mi vida son razón más que suficiente.
Soy vegana porque:
- Quiero a mis gatos, Misu y Leo, y no quiero que les hagan sufrir. Por qué voy a querer el sufrimiento de otros?
- Quiero creer que los humanos podemos ser realmente humanos.
- No puedo ni quiero seguir mirando hacia otro lado. No quiero ser cómplice. No lo haréis en mi nombre.
- Sabiendo lo que sé, la carne de un animal es canibalismo y la leche de una vaca, tan poco apetecible como la de una mujer.
- Intento no ser hipócrita ni autocomplaciente. Intento ser valiente y hacer lo que debo hacer, no lo que resulta más fácil, que es seguir la corriente.
- Sé lo que es sufrir y lo mínimo que puedo hacer es dar mi voz a los que sufren y no se pueden defender.
También están las razones medioambientales e incluso humanitarias, pero no hace falta que me vaya tan lejos. Misu y Leo y todos los animales que de una manera u otra han pasado por mi vida son razón más que suficiente.
jueves, 10 de diciembre de 2009
Tener miedo
"El miedo nos hace esclavos", decía con toda la razón del mundo Séneca. Un hombre que, condenado a muerte, veía como sus discípulos se rasgaban las vestiduras de desesperación y él les decía: "¿dónde está vuestra filosofía?" Porque claro, una cosa es decirlo y otra practicarlo.
Yo tengo miedo por mil cosas y el miedo es como un corsé que no te deja respirar, que no te deja vivir. Si pudiera pedir un deseo, no pediría ser más guapa, más lista, tener más dinero, mejor salud, tener más éxito... Pediría no tener miedo. Ser libre, por fin!
Otra razón para luchar: llegar a ser libre.
Yo tengo miedo por mil cosas y el miedo es como un corsé que no te deja respirar, que no te deja vivir. Si pudiera pedir un deseo, no pediría ser más guapa, más lista, tener más dinero, mejor salud, tener más éxito... Pediría no tener miedo. Ser libre, por fin!
Otra razón para luchar: llegar a ser libre.
sábado, 10 de octubre de 2009
Receta mágica
Una receta muy fácil:
Los animales no son cosas + Los animales merecen respeto = Veganismo
Ah! me dejaba el toque final: una pizca de coherencia (si no se estropea el plato)
Bon appétit!!
Los animales no son cosas + Los animales merecen respeto = Veganismo
Ah! me dejaba el toque final: una pizca de coherencia (si no se estropea el plato)
Bon appétit!!
miércoles, 7 de octubre de 2009
Cambiará el mundo?
La balanza: en un lado la ley, lo establecido, lo que todos aceptan; en el otro lado un cambio en el sentimiento de las personas, en la manera de ver el mundo. Entonces hay un desequilibrio, un conflicto. Me temo que el desequilibrio no se puede solucionar sin conflicto, hasta que se vuelve a compensar la balanza.
Espero que esto mismo pase con nosotros: que seamos cada vez más y con nuestro sentir forcemos un cambio en el mundo. Que los animales dejen de ser considerados cosas como en su día lo dejaron de ser los esclavos o las mujeres.
Yo no veré ese día, pero voy a poner mi grano de arena. Cuando se haya levantado la pirámide, yo habré hecho mi contribución y si en algún sitio puedo verlo, que no lo creo, será el día más grande.
Necesito creer que ese día llegará. Intento mantener la esperanza de que podemos llegar a ser realmente humanos.
Espero que esto mismo pase con nosotros: que seamos cada vez más y con nuestro sentir forcemos un cambio en el mundo. Que los animales dejen de ser considerados cosas como en su día lo dejaron de ser los esclavos o las mujeres.
Yo no veré ese día, pero voy a poner mi grano de arena. Cuando se haya levantado la pirámide, yo habré hecho mi contribución y si en algún sitio puedo verlo, que no lo creo, será el día más grande.
Necesito creer que ese día llegará. Intento mantener la esperanza de que podemos llegar a ser realmente humanos.
martes, 22 de septiembre de 2009
El fin de la historia?
Ahí estamos, no? En el mejor de los mundos, con sus cosillas que hay que limar, pero con los buenos principios. La esclavitud, el sometimiento de la mujer y los niños, la homofobia, entre otros, son cosas del pasado o de otros países. Aquí pueden quedar vestigios pero hay consenso en que se deben acabar. Vamos por el buen camino. Podemos irnos a dormir tranquilos.
Yo vivía en este mundo hasta que se me hundió. Se acabó: ahora tengo la conciencia de habitar un mundo que tortura y mata impunemente (eso se llama violencia institucionalizada) a otros animales y lo más triste de todo es que es un mundo que se dice compasivo, humano.
Ahora creo que entiendo a los que lucharon por la abolición de la esclavitud humana, por el reconocimiento de derechos civiles a minorías étnicas o la igualdad de derechos de las mujeres. Antes me sentía cercana a ellos, simpatizaba con ellos, pero no les entendía.
Pienso que debieron sentirse incomprendidos y algunas veces inseguros de sí mismos. Quizás no tenían la certeza de que la causa por la que luchaban fuera a triunfar algún día. Vivieron a contracorriente, pero con el valor que da el saber que algo no está bien y que debe cambiar.
Ahora sé que todavía hay mucho camino, mucho por lo que luchar.
Yo vivía en este mundo hasta que se me hundió. Se acabó: ahora tengo la conciencia de habitar un mundo que tortura y mata impunemente (eso se llama violencia institucionalizada) a otros animales y lo más triste de todo es que es un mundo que se dice compasivo, humano.
Ahora creo que entiendo a los que lucharon por la abolición de la esclavitud humana, por el reconocimiento de derechos civiles a minorías étnicas o la igualdad de derechos de las mujeres. Antes me sentía cercana a ellos, simpatizaba con ellos, pero no les entendía.
Pienso que debieron sentirse incomprendidos y algunas veces inseguros de sí mismos. Quizás no tenían la certeza de que la causa por la que luchaban fuera a triunfar algún día. Vivieron a contracorriente, pero con el valor que da el saber que algo no está bien y que debe cambiar.
Ahora sé que todavía hay mucho camino, mucho por lo que luchar.
viernes, 18 de septiembre de 2009
Cosa de hembras
Soy una mujer o, lo que es lo mismo, una hembra de la especie animal que se hace llamar humana.
Un día hablaba por teléfono con mi madre y me decía que la Lio, la perrita de mis padres, se había puesto con el celo. El celo, al menos el de las perras, que es el que yo conozco, empieza con una ligera menstruación y sigue con un período en el que la perra está especialmente predispuesta al enamoramiento, por decirlo fino. Pues bien, casualmente ese mismo día yo me había puesto con la regla también. Me hizo gracia. Por lo visto, la luna no hace distinciones a la hora de influir en hembras, humanas o cánidas. Me sentí un poco más animal, más hembra, más cercana a mi hermanita Lio.
Foto ñoñeta:
Un día hablaba por teléfono con mi madre y me decía que la Lio, la perrita de mis padres, se había puesto con el celo. El celo, al menos el de las perras, que es el que yo conozco, empieza con una ligera menstruación y sigue con un período en el que la perra está especialmente predispuesta al enamoramiento, por decirlo fino. Pues bien, casualmente ese mismo día yo me había puesto con la regla también. Me hizo gracia. Por lo visto, la luna no hace distinciones a la hora de influir en hembras, humanas o cánidas. Me sentí un poco más animal, más hembra, más cercana a mi hermanita Lio.
Foto ñoñeta:
jueves, 10 de septiembre de 2009
Mis gatos, mi madre, mi churri
Hay personas que intentan evitar el posesivo cuando se refieren a los animales que viven con ellos. Yo lo respeto (faltaría más!), pero a mí se me hace raro, como artificial.
No veo que malo hay en decir, por ejemplo, "mi gato me ha despertado hoy a las 7 de la mañana", si no hay problema en decir "mi madre me ha llamado esta tarde" o "mi churri dice que no quiere ir a la playa". Yo es que no me veo diciendo "Misu, el gato que vive conmigo..." como no diría "Tal, la mujer que me parió y después me crió..." o "Tal otro, el hombre con el que sin tener ningún vínculo de sangre tengo una relación estrecha de convivencia y complicidad...". Sería bonito y daría lugar a la originalidad y al dar rienda suelta a la imaginación, pero también sería un poco cansino.
Por economía del lenguaje, yo voy a seguir usando los posesivos y si alguien quiere mal pensar y creer que cuando digo "mi gato" es que considero al dicho gato como si fuera "mi silla", por poner un ejemplo, que le vamos a hacer.
Es verdad que el uso del lenguaje no es neutral, pero hay cosas que por ahora creo que no voy a cambiar. Así que seguiré usando los posesivos cuando me refiera a los animales, humanos y no humanos, que hay en mi vida.
No veo que malo hay en decir, por ejemplo, "mi gato me ha despertado hoy a las 7 de la mañana", si no hay problema en decir "mi madre me ha llamado esta tarde" o "mi churri dice que no quiere ir a la playa". Yo es que no me veo diciendo "Misu, el gato que vive conmigo..." como no diría "Tal, la mujer que me parió y después me crió..." o "Tal otro, el hombre con el que sin tener ningún vínculo de sangre tengo una relación estrecha de convivencia y complicidad...". Sería bonito y daría lugar a la originalidad y al dar rienda suelta a la imaginación, pero también sería un poco cansino.
Por economía del lenguaje, yo voy a seguir usando los posesivos y si alguien quiere mal pensar y creer que cuando digo "mi gato" es que considero al dicho gato como si fuera "mi silla", por poner un ejemplo, que le vamos a hacer.
Es verdad que el uso del lenguaje no es neutral, pero hay cosas que por ahora creo que no voy a cambiar. Así que seguiré usando los posesivos cuando me refiera a los animales, humanos y no humanos, que hay en mi vida.
lunes, 24 de agosto de 2009
Chistes malísimos
Hoy es mi vuelta al trabajo y por eso traigo una de chistes, para desdramatizar. Son muy malos, pero es que son míos.
Un vegetariano muere atropellado por un coche y el día del entierro todos comentaban: "ves lo que le ha pasado por no comer carne?"
Otro:
Oye, sabías que la hija de menganita se ha hecho vegetariana, pero vegetariana de esas que no toman leche ni huevos. Cómo se llaman? Si tiene un nombre... Lo tengo en la punta de la lengua. Ya me acuerdo: requetevegetariana!
El último:
Se abre el telón y se ve la entrada de dos restaurantes. Uno es vegetariano y el menú cuesta 9 euros. El otro no es vegetariano y el menú sale por 12 euros.
Título de la película? La muerte tenía un precio.
El chiste sobre veganos más bueno que conozco y que evidentemente no es mío dice así:
Cuántos veganos hacen falta para cambiar una bombilla? Pues dos. Uno para cambiarla y otro para leer los ingredientes.
Y cuántos omnívoros para cambiar una bombilla? Ninguno. Prefieren estar a oscuras para no ver la realidad.
Un poco de sentido del humor, que no falte.
---
Sobre el chiste de la bombilla, buenísimo: ¿Cuántos veganos hacen falta para cambiar una bombilla? (nota del 5 de enero de 2010)
Un vegetariano muere atropellado por un coche y el día del entierro todos comentaban: "ves lo que le ha pasado por no comer carne?"
Otro:
Oye, sabías que la hija de menganita se ha hecho vegetariana, pero vegetariana de esas que no toman leche ni huevos. Cómo se llaman? Si tiene un nombre... Lo tengo en la punta de la lengua. Ya me acuerdo: requetevegetariana!
El último:
Se abre el telón y se ve la entrada de dos restaurantes. Uno es vegetariano y el menú cuesta 9 euros. El otro no es vegetariano y el menú sale por 12 euros.
Título de la película? La muerte tenía un precio.
El chiste sobre veganos más bueno que conozco y que evidentemente no es mío dice así:
Cuántos veganos hacen falta para cambiar una bombilla? Pues dos. Uno para cambiarla y otro para leer los ingredientes.
Y cuántos omnívoros para cambiar una bombilla? Ninguno. Prefieren estar a oscuras para no ver la realidad.
Un poco de sentido del humor, que no falte.
---
Sobre el chiste de la bombilla, buenísimo: ¿Cuántos veganos hacen falta para cambiar una bombilla? (nota del 5 de enero de 2010)
miércoles, 22 de julio de 2009
Vegana... con mucho gusto
En un artículo de revista de alimentación que tenía que catalogar en el trabajo (soy algo así como bibliotecaria) se comentaba que no sé qué se tendría que hacer a menos que nos resignásemos a ser vegetarianos. No será ésta la primera ni la última vez que se presente el vegetarianismo como una especie de penitencia. Ya no digo el veganismo.
A mí, como a muchos otros veg*anos, me gusta comer y disfruto mucho comiendo y ahora más que nunca, porque no sólo como cosas muy buenas sino que no están manchadas de sangre. Nunca hasta ahora había cocinado y comido con tanta alegría. Igual que digo una cosa digo la otra: hay veces que pienso, "madre mía y ahora que preparo?", pero esto no es algo que no le pueda pasar a alguien que coma "de todo". Mira, se trata de echarle imaginación a la cosa y los platos van saliendo.
Hace un tiempo pasaban un anuncio por la tele en el que dos mujeres eran presentadas y una decía: "Lesbiana, es un placer". Jeje, muy bien traído. De hecho, todavía hay gente que piensa que las lesbianas se pierden algo por no acostarse con hombres. Pues bien, con un juego de palabras parecido yo les diría bien alto a todos los que piensan que comer vegetariano es una privación: "Vegana, con mucho gusto".
A mí, como a muchos otros veg*anos, me gusta comer y disfruto mucho comiendo y ahora más que nunca, porque no sólo como cosas muy buenas sino que no están manchadas de sangre. Nunca hasta ahora había cocinado y comido con tanta alegría. Igual que digo una cosa digo la otra: hay veces que pienso, "madre mía y ahora que preparo?", pero esto no es algo que no le pueda pasar a alguien que coma "de todo". Mira, se trata de echarle imaginación a la cosa y los platos van saliendo.
Hace un tiempo pasaban un anuncio por la tele en el que dos mujeres eran presentadas y una decía: "Lesbiana, es un placer". Jeje, muy bien traído. De hecho, todavía hay gente que piensa que las lesbianas se pierden algo por no acostarse con hombres. Pues bien, con un juego de palabras parecido yo les diría bien alto a todos los que piensan que comer vegetariano es una privación: "Vegana, con mucho gusto".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)