Hace un tiempo Andreu Buenafuente (un humorista catalán, para los que no lo sepan) hacía un monólogo en el que ridiculizaba a vegetarianos y veganos. Por ejemplo, decía que un vegetariano es aquel que te quiere hacer creer que es feliz sin comer carne, o que un vegano es aquel que sólo como vegetales, aunque un día se encontró a uno intentándose comer una farola. Otro día, un monologuista amateur en un programa del tipo "El club de la comedia" explicaba que él era vegetariano y no podía entender como su novia al ver la película "Babe" se ponía a pensar en el McDonald's, porque sería como si a él una selva amazónica le recordara el Ikea. También explicaba que buscando trabajo encontró un anuncio para cubrir una plaza de asesino vestido de payaso, se presentó y resultó que buscaban un torero.
A dónde quiero llegar? Pues bien, como vegana me hacen bastante más gracia los chistes del segundo monologuista. No vamos a engañar a nadie. Pero es verdad que el humor puede ser ofensivo y por lo que veo la mayoría de las veces lo es. Sí, como vegana podría sentirme ofendida por los chistes de Buenafuente, pero para qué?
A uno le gusta decir, o sentir que dicen por él, y no tanto ser dicho. Los vegetarianos y veganos solemos ser objeto de humor, pero pocas veces sujetos, creadores de ese humor. En fin, pienso que no es que sobren los humoristas que hacen chistes sobre vegetarianos, sino que faltan los humoristas vegetarianos que muestren su versión de lo que es ser vegetariano y nos hagan reir con chistes sobre carnívoros, por ejemplo.
Quien habla de humor habla de tantas otras cosas. Faltan personas que sean sujetos, creadoras de una cultura animalista. Hacen falta humoristas, directores de cine, guionistas, presentadores de televisión y un largo etcétera de personas animalistas que muestren el mundo desde nuestro lado. Porque tener la palabra tiene mucho valor. De eso no hay duda.
A mi modo de ver el animalismo se refleja básicamente en la literatura filosófica y sobre el movimiento de los derechos de los animales. Por supuesto, también hay toda una literatura sobre nutrición y cocina vegetariana y vegana. Esto es así por razones obvias, pero pienso que el crecimiento de una cultura animalista sería de gran ayuda, sobre todo porque ayudaría a la normalización, a hacer visible a todo un colectivo y sus ideas.
Es por eso que me gustan tanto los cuentos infantiles para niños vegetarianos/veganos. También las obras de escritores vegetarianos que reflejan su manera de ver las cosas, como Isaac B. Singer o J. M. Coetzee.
Para muestra un botón: aquí os dejo un enlace a la página de un dibujante de cómics vegano que ironiza en sus viñetas sobre el trato que damos a los demás animales.
También hay artistas veganos que muestran sus inquietudes en sus obras. Buscando por internet se pueden encontrar cosas interesantes.
Seguro que debe haber multitud de ejemplos de la cultura animalista y estoy segura que cada vez irá a más. Y a más veganos más fácil será que crezca esa cultura, que en definitiva es una herramienta para ayudar a los demás animales.
miércoles, 2 de febrero de 2011
viernes, 21 de enero de 2011
Cambiamos lo justo
Ya sé que soy una pesada con esto del cambio pero es que es un tema que me interesa. Supongo que me maravilla que haya tantas personas buenas y compasivas que entienden que los animales no son cosas y que merecen respeto pero que no están dispuestas a cambiar un ápice de sus hábitos para ser consecuentes con lo que piensan.
Creo que, en general, cambiamos lo justo, porque cambiar conlleva una crisis, no es cómodo, así que si podemos elegir nos quedamos con la opción fácil: no cambiar. Creo que uno cambia lo justo y necesario para sentirse bien consigo mismo, para mantener su consistencia moral a raya. Por ejemplo, hay mucha gente que tiene suficiente comiendo unos animales y no otros, o comiéndolos menos a menudo. Hay bastantes "vegetarianos" que sólo comen carne en ocasiones especiales, cuando salen con amigos y en las reuniones familiares. De esta forma no "hacen un feo" y tampoco tienen que comprometerse demasiado. Pueden evitar las burlas y el tener que sentirse los "raritos" de la fiesta. Con esto no pretendo criticar a nadie, además soy de las que piensa que hacer algo es siempre mejor que no hacer nada y dando un paso estamos más cerca de dar otro... y otro.
Si lo pienso un poco, yo me hice ovo-lacto-vegetariana cuando no pude soportar seguir comiendo animales y me hice vegana cuando no pude soportar más seguir consumiendo productos que provenían de la explotación de los animales. No creo que fuera una elección, porque no hubiera elegido ir a contracorriente con lo cómodo y agradable que es dejarse llevar por las aguas cristalinas ;-)
También es más fácil cambiar cuando tenemos poco que perder. No suena muy bien pero así lo creo, aunque no se puede generalizar. Por ejemplo, hay épocas de la vida en las que uno está más abierto al cambio. Cuando eres adolescente o vas a la universidad todavía estás formando tu identidad, estás más abierto a nuevas ideas y eres más crítico. El principio de la convivencia de una pareja también puede ser un momento favorable al cambio. La cosa se complica cuando estamos asentados, con familia, niños, y nuestro grupo de amigos. Entonces tenemos más que perder.
Si estamos acostumbrados a ser como los demás, desentonar puede ser pedir demasiado, aunque sea a costa de nuestros principios. También hay personas acostumbradas a "desentonar" por gusto o por no poder evitarlo. Puede que el cambio sea más duro "socialmente" para una persona que siempre ha sido como todos los demás, en la manera de pensar, de actuar, de vestir, que para alguien que siempre ha sido un poco "diferente".
Como digo, no se puede generalizar. Si habéis visto el documental Peaceble Kingdom recordaréis los testimonios del grangero y del empresario ganadero. Son tremendos por lo duro que les resultó a estas personas hacerse veganas. No porque fuera duro dejar el bistec, sino por el rechazo de todo su círculo social. Estas personas sentían una necesidad tan fuerte de dejar de ser cómplices de la explotación de los animales que fueron capaces de superar todas estas trabas.
En fin, creo que hay unas circunstancias que favorecen la capacidad de cambio de una persona. Son reflexiones en voz alta. Por supuesto, vuestros comentarios serán bienvenidos.
Y con esto espero acabar y no dar más la vara con este tema.
Creo que, en general, cambiamos lo justo, porque cambiar conlleva una crisis, no es cómodo, así que si podemos elegir nos quedamos con la opción fácil: no cambiar. Creo que uno cambia lo justo y necesario para sentirse bien consigo mismo, para mantener su consistencia moral a raya. Por ejemplo, hay mucha gente que tiene suficiente comiendo unos animales y no otros, o comiéndolos menos a menudo. Hay bastantes "vegetarianos" que sólo comen carne en ocasiones especiales, cuando salen con amigos y en las reuniones familiares. De esta forma no "hacen un feo" y tampoco tienen que comprometerse demasiado. Pueden evitar las burlas y el tener que sentirse los "raritos" de la fiesta. Con esto no pretendo criticar a nadie, además soy de las que piensa que hacer algo es siempre mejor que no hacer nada y dando un paso estamos más cerca de dar otro... y otro.
Si lo pienso un poco, yo me hice ovo-lacto-vegetariana cuando no pude soportar seguir comiendo animales y me hice vegana cuando no pude soportar más seguir consumiendo productos que provenían de la explotación de los animales. No creo que fuera una elección, porque no hubiera elegido ir a contracorriente con lo cómodo y agradable que es dejarse llevar por las aguas cristalinas ;-)
También es más fácil cambiar cuando tenemos poco que perder. No suena muy bien pero así lo creo, aunque no se puede generalizar. Por ejemplo, hay épocas de la vida en las que uno está más abierto al cambio. Cuando eres adolescente o vas a la universidad todavía estás formando tu identidad, estás más abierto a nuevas ideas y eres más crítico. El principio de la convivencia de una pareja también puede ser un momento favorable al cambio. La cosa se complica cuando estamos asentados, con familia, niños, y nuestro grupo de amigos. Entonces tenemos más que perder.
Si estamos acostumbrados a ser como los demás, desentonar puede ser pedir demasiado, aunque sea a costa de nuestros principios. También hay personas acostumbradas a "desentonar" por gusto o por no poder evitarlo. Puede que el cambio sea más duro "socialmente" para una persona que siempre ha sido como todos los demás, en la manera de pensar, de actuar, de vestir, que para alguien que siempre ha sido un poco "diferente".
Como digo, no se puede generalizar. Si habéis visto el documental Peaceble Kingdom recordaréis los testimonios del grangero y del empresario ganadero. Son tremendos por lo duro que les resultó a estas personas hacerse veganas. No porque fuera duro dejar el bistec, sino por el rechazo de todo su círculo social. Estas personas sentían una necesidad tan fuerte de dejar de ser cómplices de la explotación de los animales que fueron capaces de superar todas estas trabas.
En fin, creo que hay unas circunstancias que favorecen la capacidad de cambio de una persona. Son reflexiones en voz alta. Por supuesto, vuestros comentarios serán bienvenidos.
Y con esto espero acabar y no dar más la vara con este tema.
domingo, 16 de enero de 2011
Mataderos
Tras su última gota de leche es un reportaje sobre mataderos grabado en Austria, uno de los países con una legislación de bienestar animal más avanzada, y en el que no se han utilizado cámaras ocultas, así que cabe esperar que los matarifes estén haciendo su mejor trabajo. Como veréis, esto no impide que los animales sean degollados y mutilados cuando aún están conscientes. La realidad es ésta, y mucho peor, para miles de millones de animales destinados cada año al consumo humano.
En la gran mayoría de los casos, creo que difundir vídeos como éste no sirve de nada, ya que mucha gente no los quiere ver (es una realidad incómoda y preferimos hacernos creer que no la conocemos para no tener que posicionarnos) y entre quienes los ven están los que sienten indiferencia y los que, a pesar de pensar que es algo triste e injusto, no están dispuestos a hacer nada.
De todas formas, no pierdo la esperanza de que pueda hacer que alguien se plantee el trato que damos a los demás animales. De hecho, este vídeo nos ayudó a F. y a mí a dar el paso al veganismo, cuando lo vimos en una conferencia que daban los compañeros de DefenAnimal en Biocultura, ya hará casi 3 años. Fue todo muy casual, pásabamos por allí, yo había oído hablar de ellos y el tema de la conferencia nos interesó, así que entramos. Es verdad que por aquel entonces ya éramos vegetarianos y yo llevaba algún tiempo pensando en hacerme vegana, pero este vídeo nos sirvió para tener aún más claro que no queríamos ser partícipes de tanta injusticia.
En la gran mayoría de los casos, creo que difundir vídeos como éste no sirve de nada, ya que mucha gente no los quiere ver (es una realidad incómoda y preferimos hacernos creer que no la conocemos para no tener que posicionarnos) y entre quienes los ven están los que sienten indiferencia y los que, a pesar de pensar que es algo triste e injusto, no están dispuestos a hacer nada.
De todas formas, no pierdo la esperanza de que pueda hacer que alguien se plantee el trato que damos a los demás animales. De hecho, este vídeo nos ayudó a F. y a mí a dar el paso al veganismo, cuando lo vimos en una conferencia que daban los compañeros de DefenAnimal en Biocultura, ya hará casi 3 años. Fue todo muy casual, pásabamos por allí, yo había oído hablar de ellos y el tema de la conferencia nos interesó, así que entramos. Es verdad que por aquel entonces ya éramos vegetarianos y yo llevaba algún tiempo pensando en hacerme vegana, pero este vídeo nos sirvió para tener aún más claro que no queríamos ser partícipes de tanta injusticia.
domingo, 9 de enero de 2011
Otro roscón de Reyes vegano
Este año he variado la receta del año pasado, que ya colgué aquí, porque me quedó un roscón bastante pequeño y un poco seco. Lo que he hecho es adaptar la receta del Delantal verde original cambiando las cantidades de los ingredientes y algunos pasos. Parece que ha habido éxito y el resultado ha sido un roscón más grande y más bueno.
Roscón de Reyes vegano
Ingredientes:
150 ml de leche vegetal
450 gr de harina de fuerza
30 gr de levadura fresca
75 gr de azúcar o fructosa
Ralladura de un limón y una naranja
2 cucharadas de harina de garbanzos
Agua
2-3 cucharadas de agua de azahar (opcional)
1-2 cucharadas de ron (opcional)
60 gr de margarina vegetal
Sal
Fruta confitada o deshidratada
Piñones
Preparamos la masa madre deshaciendo en un bol la levadura en la leche vegetal tibia. Añadimos 150 gr de harina de fuerza y mezclamos con una cuchara. El resultado será una masa pegajosa, así que recomiendo no usar las manos. Tapamos el bol con un plástico y un trapo de cocina (con cuidado porque la masa se engancha a todo lo que toca) y lo dejamos reposar en un lugar cálido como mínimo un par de horas. La masa tiene que subir.
Mezclamos el azúcar o la fructosa con las ralladuras de naranja y limón, la harina de garbanzos diluida en agua (cada cucharada de harina de garbanzos se diluye en tres de agua y la pasta resultante tiene que tener una textura algo más sólida que la de un huevo batido), el agua de azahar (que es la infusión de la flor de naranjo), el ron y la margarina con textura de crema. Añadimos los restantes 300 gr de harina de fuerza y un poco de sal. Añadimos la masa madre y amasamos hasta conseguir una masa suave que no se pegue en los dedos. Volvemos a dejarla reposar tapada y en un lugar cálido unas 2 o 3 horas como mínimo.
Una vez pasado este tiempo la masa habrá vuelto a subir. La amasamos suavemente para sacar el aire de dentro. La colocamos sobre la bandeja de horno, untada con un poco de aceite o sobre papel vegetal, y le damos la forma de roscón, haciendo un agujero en el centro de la bola y ampliándolo hasta conseguir la forma deseada. Piensa que en el horno volverá a crecer. Metemos en la masa el rey y el haba envueltos en papel transparente o de aluminio. Cubrimos el roscón con un paño y lo dejamos reposar una hora más.
Precalentamos el horno a 200ºC y decoramos el roscón con las frutas confitadas o deshidratadas y los piñones. Por último, pintamos el roscón con un poco de azúcar o fructosa disuelta en agua.
Horneamos el roscón a 180ºC unos 30-35 minutos. Para que suba es mejor poner el horno a calentar por abajo los primeros minutos y al final ponerlo a calentar por abajo y por arriba. También hay que poner dentro del horno un recipiente resistente al calor con agua para evitar que el roscón se reseque.
Aquí tenéis el resultado:

Y así hemos llegado al final de las Navidades, y aunque no soy muy navideña siempre me entra la penilla, sobre todo porque mañana hay que trabajar. Se acabaron los turrones, los roscones y el no tener que madrugar.
Roscón de Reyes vegano
Ingredientes:
150 ml de leche vegetal
450 gr de harina de fuerza
30 gr de levadura fresca
75 gr de azúcar o fructosa
Ralladura de un limón y una naranja
2 cucharadas de harina de garbanzos
Agua
2-3 cucharadas de agua de azahar (opcional)
1-2 cucharadas de ron (opcional)
60 gr de margarina vegetal
Sal
Fruta confitada o deshidratada
Piñones
Preparamos la masa madre deshaciendo en un bol la levadura en la leche vegetal tibia. Añadimos 150 gr de harina de fuerza y mezclamos con una cuchara. El resultado será una masa pegajosa, así que recomiendo no usar las manos. Tapamos el bol con un plástico y un trapo de cocina (con cuidado porque la masa se engancha a todo lo que toca) y lo dejamos reposar en un lugar cálido como mínimo un par de horas. La masa tiene que subir.
Mezclamos el azúcar o la fructosa con las ralladuras de naranja y limón, la harina de garbanzos diluida en agua (cada cucharada de harina de garbanzos se diluye en tres de agua y la pasta resultante tiene que tener una textura algo más sólida que la de un huevo batido), el agua de azahar (que es la infusión de la flor de naranjo), el ron y la margarina con textura de crema. Añadimos los restantes 300 gr de harina de fuerza y un poco de sal. Añadimos la masa madre y amasamos hasta conseguir una masa suave que no se pegue en los dedos. Volvemos a dejarla reposar tapada y en un lugar cálido unas 2 o 3 horas como mínimo.
Una vez pasado este tiempo la masa habrá vuelto a subir. La amasamos suavemente para sacar el aire de dentro. La colocamos sobre la bandeja de horno, untada con un poco de aceite o sobre papel vegetal, y le damos la forma de roscón, haciendo un agujero en el centro de la bola y ampliándolo hasta conseguir la forma deseada. Piensa que en el horno volverá a crecer. Metemos en la masa el rey y el haba envueltos en papel transparente o de aluminio. Cubrimos el roscón con un paño y lo dejamos reposar una hora más.
Precalentamos el horno a 200ºC y decoramos el roscón con las frutas confitadas o deshidratadas y los piñones. Por último, pintamos el roscón con un poco de azúcar o fructosa disuelta en agua.
Horneamos el roscón a 180ºC unos 30-35 minutos. Para que suba es mejor poner el horno a calentar por abajo los primeros minutos y al final ponerlo a calentar por abajo y por arriba. También hay que poner dentro del horno un recipiente resistente al calor con agua para evitar que el roscón se reseque.
Aquí tenéis el resultado:
Y así hemos llegado al final de las Navidades, y aunque no soy muy navideña siempre me entra la penilla, sobre todo porque mañana hay que trabajar. Se acabaron los turrones, los roscones y el no tener que madrugar.
lunes, 3 de enero de 2011
Recetas navideñas: turrón y canelones veganos
Hay muchas recetas veganas navideñas. Por ejemplo, es fácil encontrar recetas veganas de mazapán o polvorones.
DefensAnimal tiene algunas propuestas interesantes de menús para celebraciones que podéis encontrar aquí.
Incluso se puede hacer la versión de la escudella, una receta típica de Sant Esteve en Cataluña, pero esta vez con pilota de seitán.
Este año hice un turrón de chocololate muy sencillo y bueno, que aprendí en un curso de cocina del Ecocentre.
Turrón vegano de chocolate
Ingredientes:
- 3 tabletas de chocolate de 125 gr.
- 1 cucharada de margarina vegetal
- Arroz inflado (con o sin chocolate)
Fundimos 3 tabletas de chocolate negro al baño maría con un poco de margarina vegetal, aceite de girasol o una cucharada de tahini. En un molde de plumcake ponemos un poco del chocolate fundido y a continuación una capa de un dedo de grosor de arroz inflado (por ejemplo, el de la marca del Mercadona es vegano). Por encima ponemos más chocolate y para terminar un poco más de arroz inflado. Dejamos que se enfrie un poco y cuando esté a temperatura ambiente lo metemos en la nevera.
El molde del plumcake puede ser de silicona y sino es mejor poner en las paredes papel vegetal pegado con un poco de aceite de girasol. Así nos evitaremos que al desmoldar el turrón se rompa.

También os paso una receta de canelones que hizo mi madre para la comida de Navidad.
Canelones veganos de setas
Ingredientes:
- 1 paquete de pasta de canelones (20 canelones)
- ¼ kilo de champiñones
- ¼ kilo de gírgolas
- 1 vaso de leche de soja
- 1 cucharada y media de harina
- Nuez moscada
- 1 diente de ajo
- 1 cebolla
- 1 pimiento rojo grande o dos pequeños
- 4 tomates maduros medianos
- Frutos secos: almendras, nueces...
Para el relleno, en una sartén freimos el ajo, los champiñones y las gírgolas. Todo tiene que estar picado muy pequeño. Cuando está hecho añadimos la harina y removemos bien para que no se formen grumos. Vamos añadiendo la leche de soja hasta hacer una bechamel un poco espesa. La nuez moscada es opcional.
Preparamos la pasta de los canelones y la rellenamos.
En la base de la bandeja del horno ponemos un poco de salsa de tomate preparada previamente. La salsa de tomate lleva tomate, pimento rojo y cebolla. Se fríe todo y se bate hasta conseguir una salsa fina.
Una vez dispuestos los canelones en la bandeja, los cubrimos con más salsa de tomate y con una picada de frutos secos para decorar la superficie. En el horno precalentado, los gratinamos.
DefensAnimal tiene algunas propuestas interesantes de menús para celebraciones que podéis encontrar aquí.
Incluso se puede hacer la versión de la escudella, una receta típica de Sant Esteve en Cataluña, pero esta vez con pilota de seitán.
Este año hice un turrón de chocololate muy sencillo y bueno, que aprendí en un curso de cocina del Ecocentre.
Turrón vegano de chocolate
Ingredientes:
- 3 tabletas de chocolate de 125 gr.
- 1 cucharada de margarina vegetal
- Arroz inflado (con o sin chocolate)
Fundimos 3 tabletas de chocolate negro al baño maría con un poco de margarina vegetal, aceite de girasol o una cucharada de tahini. En un molde de plumcake ponemos un poco del chocolate fundido y a continuación una capa de un dedo de grosor de arroz inflado (por ejemplo, el de la marca del Mercadona es vegano). Por encima ponemos más chocolate y para terminar un poco más de arroz inflado. Dejamos que se enfrie un poco y cuando esté a temperatura ambiente lo metemos en la nevera.
El molde del plumcake puede ser de silicona y sino es mejor poner en las paredes papel vegetal pegado con un poco de aceite de girasol. Así nos evitaremos que al desmoldar el turrón se rompa.
También os paso una receta de canelones que hizo mi madre para la comida de Navidad.
Canelones veganos de setas
Ingredientes:
- 1 paquete de pasta de canelones (20 canelones)
- ¼ kilo de champiñones
- ¼ kilo de gírgolas
- 1 vaso de leche de soja
- 1 cucharada y media de harina
- Nuez moscada
- 1 diente de ajo
- 1 cebolla
- 1 pimiento rojo grande o dos pequeños
- 4 tomates maduros medianos
- Frutos secos: almendras, nueces...
Para el relleno, en una sartén freimos el ajo, los champiñones y las gírgolas. Todo tiene que estar picado muy pequeño. Cuando está hecho añadimos la harina y removemos bien para que no se formen grumos. Vamos añadiendo la leche de soja hasta hacer una bechamel un poco espesa. La nuez moscada es opcional.
Preparamos la pasta de los canelones y la rellenamos.
En la base de la bandeja del horno ponemos un poco de salsa de tomate preparada previamente. La salsa de tomate lleva tomate, pimento rojo y cebolla. Se fríe todo y se bate hasta conseguir una salsa fina.
Una vez dispuestos los canelones en la bandeja, los cubrimos con más salsa de tomate y con una picada de frutos secos para decorar la superficie. En el horno precalentado, los gratinamos.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Cuento vegano de Navidad
En Nochebuena mi tía llamó diciendo que algo le había sentado mal, pero no era nada extraño porque es muy delicada del estómago.
El día de Navidad mi familia comió como si no hubiera crisis: marisco, pavo, cordero... Nosotros nos quedamos llenos con el seitán al vino que nos preparó mi madre. Todo iba bien hasta que a media tarde empezaron los dolores de barriga y las caras pálidas, así que nos tuvimos que recoger pronto y a Fernando y a mí, que éramos los únicos que no nos encontrábamos mal, nos tocó recoger y fregar los platos.
El día de Sant Esteve, a pesar de las buenas intenciones, fue imposible reunirnos. Toda mi familia al completo sufría de diarrea y vómitos. Mi hermano, para variar, además estaba resfriado. Viendo que la cosa iba a más llamé al hospital pero me contaron que estaban colapsados y que no eran los únicos. Me explicaron que eran muchos los casos con el mismo cuadro clínico. En la televisión incluso se empezaba a hablar de una epidemia que podría estar afectando a medio mundo. Todo apuntaba a que la causa de la enfermedad era la carne, ya que todos los afectados la habían consumido en las fiestas navideñas, pero todavía no habían podido identificar el virus que la provocaba. El problema era de grandes magnitudes y ya os podéis imaginar que empezaba a cundir el pánico. La gente se estaba yendo por la pata abajo.
Así que estamos a día 30, es mi cumple pero no estoy para celebraciones. En verdad, este fin de año parece que tenga que ser el fin del mundo. Pero no era en el 2012 cuando tenía que pasar algo gordo?
Nota1. Lo que ellos no saben es que Dios, con toda la móvida de la ILP, se ha empezado a interesar en los derechos de los animales (sí, le ha costado un poco) y después de mucho leer y mucho indagar en internet se ha hecho vegano y ha decidido dar un susto a la humanidad mandando una señal, bastante poco sutil, por cierto. Hubiera sido más fácil y elegante echar mano de la iluminación, pero él es más de mandar señales. Aunque, la verdad sea dicha, tampoco tiene mucha fe en que esta vez le funcione porque no sería la primera vez que los humanos no acaban de pillar sus indirectas.
Nota2. Lo que Dios no sabe es que muy probablemente no exista o almenos no en forma de señor gordo y barbudo que reparte castigos y perdones desde un trono de nubes. Lo que sí que es seguro es que como seres humanos tenemos la capacidad de guiar nuestras vidas con la voluntad de ser mejores y hacer el mundo un poco mejor. De hecho, la regla de oro de la ética, no hacer a los demás lo que no quieras que te hagan a ti, es la base de todas las religiones.
Nota3. Y para acabar... Mi mayor deseo para estas Navidades es que cada vez seamos más los que incluyamos en nuestros sentimientos de amor y compasión a las criaturas más vulnerables que hay sobre la tierra y que sienten y padecen igual que tú y que yo.
Sin señales, ni castigos, ni perdones... Paz, amor y prosperidad para todos!!
El día de Navidad mi familia comió como si no hubiera crisis: marisco, pavo, cordero... Nosotros nos quedamos llenos con el seitán al vino que nos preparó mi madre. Todo iba bien hasta que a media tarde empezaron los dolores de barriga y las caras pálidas, así que nos tuvimos que recoger pronto y a Fernando y a mí, que éramos los únicos que no nos encontrábamos mal, nos tocó recoger y fregar los platos.
El día de Sant Esteve, a pesar de las buenas intenciones, fue imposible reunirnos. Toda mi familia al completo sufría de diarrea y vómitos. Mi hermano, para variar, además estaba resfriado. Viendo que la cosa iba a más llamé al hospital pero me contaron que estaban colapsados y que no eran los únicos. Me explicaron que eran muchos los casos con el mismo cuadro clínico. En la televisión incluso se empezaba a hablar de una epidemia que podría estar afectando a medio mundo. Todo apuntaba a que la causa de la enfermedad era la carne, ya que todos los afectados la habían consumido en las fiestas navideñas, pero todavía no habían podido identificar el virus que la provocaba. El problema era de grandes magnitudes y ya os podéis imaginar que empezaba a cundir el pánico. La gente se estaba yendo por la pata abajo.
Así que estamos a día 30, es mi cumple pero no estoy para celebraciones. En verdad, este fin de año parece que tenga que ser el fin del mundo. Pero no era en el 2012 cuando tenía que pasar algo gordo?
Nota1. Lo que ellos no saben es que Dios, con toda la móvida de la ILP, se ha empezado a interesar en los derechos de los animales (sí, le ha costado un poco) y después de mucho leer y mucho indagar en internet se ha hecho vegano y ha decidido dar un susto a la humanidad mandando una señal, bastante poco sutil, por cierto. Hubiera sido más fácil y elegante echar mano de la iluminación, pero él es más de mandar señales. Aunque, la verdad sea dicha, tampoco tiene mucha fe en que esta vez le funcione porque no sería la primera vez que los humanos no acaban de pillar sus indirectas.
Nota2. Lo que Dios no sabe es que muy probablemente no exista o almenos no en forma de señor gordo y barbudo que reparte castigos y perdones desde un trono de nubes. Lo que sí que es seguro es que como seres humanos tenemos la capacidad de guiar nuestras vidas con la voluntad de ser mejores y hacer el mundo un poco mejor. De hecho, la regla de oro de la ética, no hacer a los demás lo que no quieras que te hagan a ti, es la base de todas las religiones.
Nota3. Y para acabar... Mi mayor deseo para estas Navidades es que cada vez seamos más los que incluyamos en nuestros sentimientos de amor y compasión a las criaturas más vulnerables que hay sobre la tierra y que sienten y padecen igual que tú y que yo.
Sin señales, ni castigos, ni perdones... Paz, amor y prosperidad para todos!!
sábado, 11 de diciembre de 2010
Traición a la madre
Es un título un poco dramático y algunos puede que lo vean exagerado, pero yo creo que la adopción del veganismo puede vivirse como una traición a la madre.
Hace no mucho alguien me escribía en el blog que un profesor suyo había comentado en clase que era más fácil que alguien cambiara de religión que de dieta. Yo, puede que muy alegremente, le contestaba que hacerse vegano no era difícil y lo comparaba con una mudanza: pasas unos días de agobio pero enseguida todo vuelve a la normalidad. Sigo pensando lo mismo pero también es verdad que alimentarse no es sólo una necesidad fisiológica, sino que tiene mucho de cultural e incluso un componente emocional importante. En este sentido, al profesor no le faltaba razón.
En cualquier caso, un cambio es una crisis y puede que sea especialmente duro cuando lo que cambias son tus hábitos más básicos, los que te han transmitido desde pequeño. Una vez, una compañera del foro me dijo que para ella hacerse vegana había sido como una traición a si misma. Me hizo gracia porque yo había pensado algo parecido, aunque en lugar de pensar en una traición a mí misma, había pensado en una traición a mi madre, que viene a ser lo mismo o parecido.
Puede que me coma mucho la cabeza, pero tampoco es una idea tan descabellada. Hemos crecido entre los olores de la comida que nos hacía nuestra madre y un buen día renegamos de todo eso y empezamos un camino nuevo, sin referentes. No tenemos el estofado de tofu de la abuela, ni las albóndigas de seitán de la mama... Nos quedamos un poco huérfanos.
Pero al final, y aquí quería llegar, las aguas vuelven a su cauce. Nos instalamos bien en nuestra nueva casa y estamos contentos con el cambio. Hemos salido ganando y, en cualquier caso, tenemos la satisfacción de haber hecho lo que debíamos.
Si hay buena voluntad por todas las partes, la traición a la madre se convierte en una pequeña infidelidad. De hecho mi forma de cocinar sigue siendo muy parecida a la de mi madre. Mi madre no sólo ha dejado de insistir en que coma huevos y leche, sino que me compra productos nuevos que a mí nunca se me ocurriría comprar, me pasa recetas veganas y adapta las de siempre. Ella me ha enseñado a hacer platos veganos riquísimos y en las reuniones familiares compartimos nuevos platos que nos gustan mucho y que no tienen nada que envidiar a los de antes.
He de confesar que el comentario que más me ha dolido como vegetariana fue cuando mi madre me dijo que le gustaría que comiera carne. Es una tontería, pero me dolió. Supogo que los padres quieren lo mejor para sus hijos y a veces piensan que lo mejor es el complicarse lo mínimo, el pensar sólo en si mismos y sus familias sin preocuparse demasiado por todo lo demás. Alguna vez mi madre me ha dicho que las personas que más admira son las que lo dejan todo y se dedican en cuerpo y alma a una causa, pero sé que si le dijera a mi madre que lo dejo todo para irme de cooperante a un país del tercer mundo le daría un gran disgusto. No sé si me explico. Del mismo modo, sé que mi madre no está tan defraudada por el hecho de que sea vegana. Si así fuera no iría explicándole a sus amigas que lo soy ;-)
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Ayer 10 de diciembre fue el Día internacional de los derechos de los animales, coincidiendo con el de los derechos humanos. Esto es así porque el mismo día, en diferentes años, se proclamaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Declaración Universal de los Derechos de los Animales.
Se trata de una buena ocasión para recordar que todos tendríamos que estar por las dos causas, ya que al final se trata de defender a todos aquellos que sienten y sufren, independientemente de su edad, nacionalidad, raza, religión, orientación sexual, ideología, sexo o especie.
Hace no mucho alguien me escribía en el blog que un profesor suyo había comentado en clase que era más fácil que alguien cambiara de religión que de dieta. Yo, puede que muy alegremente, le contestaba que hacerse vegano no era difícil y lo comparaba con una mudanza: pasas unos días de agobio pero enseguida todo vuelve a la normalidad. Sigo pensando lo mismo pero también es verdad que alimentarse no es sólo una necesidad fisiológica, sino que tiene mucho de cultural e incluso un componente emocional importante. En este sentido, al profesor no le faltaba razón.
En cualquier caso, un cambio es una crisis y puede que sea especialmente duro cuando lo que cambias son tus hábitos más básicos, los que te han transmitido desde pequeño. Una vez, una compañera del foro me dijo que para ella hacerse vegana había sido como una traición a si misma. Me hizo gracia porque yo había pensado algo parecido, aunque en lugar de pensar en una traición a mí misma, había pensado en una traición a mi madre, que viene a ser lo mismo o parecido.
Puede que me coma mucho la cabeza, pero tampoco es una idea tan descabellada. Hemos crecido entre los olores de la comida que nos hacía nuestra madre y un buen día renegamos de todo eso y empezamos un camino nuevo, sin referentes. No tenemos el estofado de tofu de la abuela, ni las albóndigas de seitán de la mama... Nos quedamos un poco huérfanos.
Pero al final, y aquí quería llegar, las aguas vuelven a su cauce. Nos instalamos bien en nuestra nueva casa y estamos contentos con el cambio. Hemos salido ganando y, en cualquier caso, tenemos la satisfacción de haber hecho lo que debíamos.
Si hay buena voluntad por todas las partes, la traición a la madre se convierte en una pequeña infidelidad. De hecho mi forma de cocinar sigue siendo muy parecida a la de mi madre. Mi madre no sólo ha dejado de insistir en que coma huevos y leche, sino que me compra productos nuevos que a mí nunca se me ocurriría comprar, me pasa recetas veganas y adapta las de siempre. Ella me ha enseñado a hacer platos veganos riquísimos y en las reuniones familiares compartimos nuevos platos que nos gustan mucho y que no tienen nada que envidiar a los de antes.
He de confesar que el comentario que más me ha dolido como vegetariana fue cuando mi madre me dijo que le gustaría que comiera carne. Es una tontería, pero me dolió. Supogo que los padres quieren lo mejor para sus hijos y a veces piensan que lo mejor es el complicarse lo mínimo, el pensar sólo en si mismos y sus familias sin preocuparse demasiado por todo lo demás. Alguna vez mi madre me ha dicho que las personas que más admira son las que lo dejan todo y se dedican en cuerpo y alma a una causa, pero sé que si le dijera a mi madre que lo dejo todo para irme de cooperante a un país del tercer mundo le daría un gran disgusto. No sé si me explico. Del mismo modo, sé que mi madre no está tan defraudada por el hecho de que sea vegana. Si así fuera no iría explicándole a sus amigas que lo soy ;-)
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Ayer 10 de diciembre fue el Día internacional de los derechos de los animales, coincidiendo con el de los derechos humanos. Esto es así porque el mismo día, en diferentes años, se proclamaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Declaración Universal de los Derechos de los Animales.
Se trata de una buena ocasión para recordar que todos tendríamos que estar por las dos causas, ya que al final se trata de defender a todos aquellos que sienten y sufren, independientemente de su edad, nacionalidad, raza, religión, orientación sexual, ideología, sexo o especie.
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