jueves, 14 de octubre de 2010

La gacela Julieta nos pone a dieta, un cuento perverso



La gacela Julieta nos pone a dieta (autor: Josep Maria Cervera, ilustrador: Jordi March, ed. Pirueta, 2010, también en catalán editado por Claret Kids) es una claro ejemplo de libro infantil rebosante de esquizofrenia moral. Para la mayoría pasará inadvertida y no dejará de ser un bonito libro educativo que enseña a los niños como alimentarse correctamente, comiendo de "todo".

El cuento me ha llamado la atención por lo retorcido de su argumento. En la sabana africana andan un león y un tigre con muchas ganas de comerse a una gacela, Julieta. Hasta aquí todo normal, no? El problema es que los depredadores se alimentan fatal y tienen unos quilillos de más, y claro, así cualquiera alcanza a la ágil gacelita. Pero Julieta, previo pacto de no agresión hacia ella, claro, pone a dieta a sus "amigos". Así pues, el libro va de una gacela que enseña a sus depredadores que comer carne, en su justa medida, está bien pero siempre que no sea la suya.

Llegando al final vemos a Julieta explicando todo lo que hay que comer y se ven los dibujos de frutas, verduras, pescado, un chuletón de carne... Que mal rollo, no? La estampa final es feliz feliz: león, tigre y gacela corren felices y hasta nos explican que comparten festines donde hay de todo (¿también gacela?).

Los cuentos infantiles están cargados de ideología y son perfectos transmisores de los valores y también las hipocresías de la sociedad. Me temo que cuentos como éste ponen su grano de arena a la hora de desvincular la carne de los animales vivos que en su día fueron. Son muchos los niños que simplemente no ven la relación. Yo misma no la veía y me consta que no soy la única. Sino leed la anécdota que explica aquí mi amiga del foro, Lorenisca, por poner sólo un ejemplo.

Julieta, por vendida y colaboracionista, te mereces un final menos feliz! ;-)

lunes, 4 de octubre de 2010

Mi recorrido

Me considero un híbrido entre vinciana, damasquiana y emplazada. Creo que tengo algo de vinciana porque siempre he sentido empatía por los animales. Desde muy pequeña quería cuidarlos y protegerlos. Por otra parte desvinculaba totalmente los animales vivos de los que me daban para comer, de una manera pasmosa además, porqué no es que me los tuvieran que dar a trocitos para no reconocer sus cuerpos. Comía caracoles, cabezas, sesos, pies de cerdo... Era muy carnívora. Eso sí, recuerdo que cuando iba al pueblo me tenían que comprar la carne y la leche del supermercado, porque la de allí olía a los animales con los que había estado jugando.

Cuando fui más grande siempre que pensaba en lo que estaba comiendo me daba mucha pena y asco, así que tenía temporadas que no comía carne o algún tipo de carne, pero siempre volvía a cerrar los ojos hasta que llegó un momento damasquiano. Bueno, antes, cuando debía tener unos 15 o 16 años quise hacerme vegetariana pero sin informarme lo más mínimo y, claro, no sabía que comer, de lo que deduje que ser vegetariana era muy difícil o imposible.

Mi momento damasquiano llegó a los 27 años. Un día en una urbanización que hay en una montaña cerca de donde vivo nos encontramos (iba con mi compañero) con una perra abandonada. Estaba muy mal, asustada, enferma, en los huesos. Era totalmente dócil y llevaba una vida miserable. Unos señores de por allí le daban de comer y nos contaron que la habían abandonado de pequeña, que había parido y durante un tiempo tuvo infecciones muy fuertes. Hasta los perros de la urbanización, al verla tan débil, la atacaban siempre que podían. Me afectó mucho y estuve subiendo algunos días a verla y llevarle comida pero la realidad es que no hice nada por ella. Pude llamar a una protectora, buscar alguien con coche para ir a recogerla, hacer algo, pero no lo hice. Me vi a mi misma de brazos cruzados y mirando hacia otro lado, justamente lo que estaba haciendo cuando comía un plato de carne. Decidí que eso tenía que cambiar y que me iba a hacer vegetariana, dedicando el tiempo que necesitara pero sin dar marcha atrás. Enseguida dejé el cerdo y la vaca (comerlos me resultaba repulsivo, como una especie de canibalismo) y gradualmente dejé el pescado y el pollo.

También me considero una emplazada porque ha sido a base de informarme que finalmente he dado el paso al veganismo. Antes apenas sabía que era y si alguien me hubiera preguntado a lo mejor hubiera dicho: vegana, yo, nunca!

Éste ha sido mi recorrido, o lo que llevo de él, porque el camino es largo y la ayuda que necesitan los animales, mucha.

A veces pienso que fue esa perra, pero podría haber sido cualquier otra cosa, antes, más tarde o quizás nunca. Creo que tarde o temprano habría llegado... o eso quiero pensar. Por supuesto, nunca me perdonaré no haberla ayudado, pero creo que es mejor mirar hacia delante, mirar todo lo que podemos hacer.


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El sábado, 2 de octubre, fuimos a la manifestación por los derechos de los animales que con motivo del día mundial de los animales de granja convocaron diverses entitades en Barcelona. Me pareció que éramos muchos. No llegamos a mil, pero éramos cientos. Fue un momento genial, sentirse rodeada por tanta gente con la que tienes algo tan importante en común y reencontrarse con los compañeros animalistas. Y después Libera! nos invitó a una degustación en el Ecocentre. La mejor manera de pasar una tarde del sábado :-)

sábado, 18 de septiembre de 2010

Vincianos, damasquianos y emplazados: cual es tu recorrido?

Tom Regan, en su libro Jaulas vacías (Barcelona: Fundación Altarriba, 2006) se pregunta sobre la experiencia que lleva a alguien a convertirse en un ARA (Animal Rights Advocats, que en castellano serían los defensores de los derechos de los animales) e intenta hacer una clasificación.

Un buen día alguien se mira al espejo y descubre a un defensor de los animales, pero qué ha pasado para que llegue hasta aquí? Habríamos sufrido un cambio de percepción de la realidad. Un ejemplo gráfico es de las imágenes donde se pueden ver unas figuras u otras. Antes veríamos sólo el jarrón y ahora veríamos también las caras.



Regan explica los diferentes procesos de cambio de los ARA a través de las siguientes tipologías:

Vincianos

Los ARA vincianos son aquellos que de niños empatizan con los animales humanos de forma natural. Para ellos los animales son sus amigos y sienten por ellos respeto y lealtad.

El nombre proviene de Leonardo da Vinci, que, como estos niños, sentía un amor innato por los animales. Para quien no lo sepa, el genio del Renacimiento era vegetariano y hacía cosas tan "infantiles" como ir a comprar los pájaros del mercado para después dejarlos en libertad.

Desgraciadamente muchos niños vincianos no pueden desarrollar su verdadera naturaleza por la influencia de la familia, la escuela y la sociedad en general.

Según Regan no son muchos los ARA vincianos.

Damasquianos

Los ARA damasquianos adquieren la conciencia animalista a raíz de una experiencia, generalmente traumática, y esto sucede en una abrir y cerrar de ojos, de manera parecida a la conversión al Cristianismo de Saul, después San Pablo, cuando iba camino de Damasco.

Son muchas las experiencias damasquianas, pero aquí describo alguna para que os hagáis una idea. Una pareja quedó paralizada en un atasco y justo delante tenían un camión lleno de cerdos camino del matadero. No pudieron evitar que sus miradas se cruzaran con las de algunos de ellos y eso les provocó un cambio dentro de ellos. También recuerdo haber leído la experiencia de un combatiente en la Segunda Guerra Mundial que, tras una explosión, vió pasar desesperada una yegua cubierta de llamas. Se cruzaron sus miradas y fue como si ella le preguntara: qué he hecho yo para merecer esto?

En esta cita, la escritora Alice Walker describe lo que parece una experiencia damasquiana: "Cuando un día hablábamos sobre la libertad y la justicia estábamos sentados ante filetes. Estoy comiendo miseria, pensé para mí cuando tomé el primer bocado, y lo escupí".

En la actualidad, creo que el documental Earthlings ha sido la experiencia damasquiana para el cambio de percepción de muchos animalistas.

Emplazados

Según Regan son la gran mayoría y por tanto la gran esperanza de los animales, por eso dedica su libro a ellos. Los emplazados son aquellos que sin tener una conciencia animalista innata ni haber sufrido una experiencia que les haya provocado un cambio de percepción, se van convirtiendo en ARA poco a poco. Sería un proceso gradual, en el que la persona se plantearía dudas, buscaría información, encontraría respuestas... El propio autor se considera un claro ejemplo de emplazado. Filósofo activista en la defensa de los derechos humanos un día cayó en sus manos un libro de Gandhi que le lanzaba el reto del respeto hacia los animales. Debió sentir destapada su incoherencia (inconsistencia, disonancia...), lo que le llevó a investigar el tema, buscando argumentos consistentes para poder seguir como hasta entonces, excluyendo al resto de animales de su consideración moral. Los buscó, pero muy a su pesar no los encontró. Al contrario, acabó convirtiéndose en uno de los filósofos de referencia sobre el tema de los derechos de los animales.

Otro día cuento mi recorrido. Y si vosotros me queréis contar el vuestro, o en qué punto del camino estáis, pues será muy bienvenido.

martes, 7 de septiembre de 2010

Disonancia y cambio

Siguiendo con el tema del cambio y muy relacionado con el tema de la inconsistencia moral, hace unas semanas, haciendo zapping, me encontré con la repetición de uno de los programas de la pasada temporada de Redes. Lo pillé casi al final, pero enseguida me quedé enganchada. Se trata de una conferencia en la que Carol Anne Tavris, psicóloga social y escritora, habla de la disonancia. Explica que la mente humana no acepta la disonancia (algo así como la inconsistencia moral?) y que por tanto es reacia a la crítica y al cambio. Por lo visto las personas nos sentimos buenas y competentes y si alguien nos muestra lo contrario podemos reaccionar de dos maneras distintas: agradeciéndole que nos haya facilitado esa información o mandándolo a tomar un poco de viento. Os podéis imaginar cual es la actitud más común... También dice cosas tan interesantes y por muchos conocidas como que los males del mundo no se deben a algunas personas malvadas, sino a muchas personas que creyéndose buenas cometen actos inmorales, pero se autojustifican para así tener sus conciencias tranquilas.

La ciencia nos dice que la mente humana es reacia al cambio pero el cambio es posible.

La relación con lo que estamos haciendo con las animales es tan clara que no creo que haga falta ni comentarla. A la mayoría de la gente no le interesa saber, es demasiado incómodo. Además mirar hacia otro lado es fácil cuando la práctica totalidad de la sociedad ha firmado un pacto de silencio alrededor de este tema.

Si os interesa, aquí tenéis el programa. Se titula "La ciudad de las ideas" y la conferencia de la que os hablo la encontraréis hacia el final.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Lo siento

Siento escribir sobre esto pero no puedo pasarlo por alto. El perro al que me refería aquí ha sido sacrificado. Salí a comprar el pan y me lo encontré por la calle muy asustado, se metía en la carretera de lo perdido que iba. Después le perdí la vista, hablé con la asociación animalista de mi ciudad y me dijeron que seguramente lo recogería la policia local. Llamamos a la policía para asegurarnos y así era, nos dijeron que estaba en el depósito de coches de la grua y a la mañana siguiente se lo llevaban al CCAAC del Barcelonés Nord, una perrera que está en Badalona. Conseguimos una foto suya, en el depósito de coches, con la esperanza de que otras protectoras pudieran hacerle difusión.

Conozco gente que está muy metida en el tema de protectoras y todos me dieron muy malas referencias del CCAAC. Pobre de mí, llamé y les pregunté si sacrificaban. Evidentemente, me dijeron que no, de hecho en Catalunya es ilegal, pero tenemos una ley que permite el sacrificio por razones humanitarias o cuando hay peligro de contagio. No hay que ser muy espavilado, para ver que esta ley deja la puerta abierta a la arbitrariedad.

Los del CCAAC bautizaron al perro como Moe y lo pusieron en su pàgina web de adopciones. Hasta llegué a pensar que todo estaba bien. La semana pasada vi que no estaba en la web, llamé y su respuesta fue que habían detectado que estaba enfermo, le hicieron la prueba de la leishmania y salió positivo. Esta es una enfermedad que aunque es incurable, se puede tratar, pero ellos no lo hacen y ante el peligro de contagio sacrifican.

No sé que pensar. Sólo sé que ellos tienen la sartén por el mango y la vulnerabilidad de los animales es total. Pienso que pocos animales que allí entren tienen posibilidad de salir vivos, porque enfermar en algún momento es algo bastante probable.

Siento no haber hecho lo suficiente por él. No es la primera vez que tengo esta sensación. Siento que este mundo sea tan injusto, con unos políticos que no ponen los recursos necesarios para que esto cambie, pero sobre todo con unas personas, con las que seguro que me cruzo a diario, que con sus actos egoistas e irresponsables (abandonar, no esterilizar, vender y comprar perros y gatos cuando los refugios estan saturadísimos) llenan las perreras de criaturas a las que en muchos casos sólo les espera la muerte.

Esta es la foto que tengo de él. Lo siento.

martes, 17 de agosto de 2010

Por Asturias (comiendo vegano)

Hemos estado unos días en Asturias y en lo que respecta al comer he llegado a la conclusión que es una comunidad muy poco vegfriendly :-( Y lo más triste es que la gente, lo primero que te dice cuando se enteran que vas a Asturias, a parte de que estarás fresquito, es que se come muy bien. Mentira!! Comer, se puede comer, pero se echa en falta algún restaurante vegetariano y alguna opción vegana en los menús.

En Oviedo, que yo sepa, no hay ni un resturante vegetariano. Un día comimos en el restaurante Malayerba (c/ Alfonso III El Magno, 11). Había algún plato vegano, cous cous con verduras y seitán con piña, y del menú sólo un primero era vegano. De todas formas, la chica que nos atendió, muy amablemente y sin que nosotros se lo pidiéramos, nos adaptó el menú y de segundo nos preparó un cous cous y un arroz con setas buenísimos. De verdad, ese arroz tardaré en olvidarlo...También fuimos al restaurante chino ChinAstur (c/ Santa Susana, 41, al lado del parque de San Francisco). Se trata de un chino como cualquier otro, pero en la carta hay algún plato de verduras y de tofu. El propietario nos contó que él también era vegetariano y que no tomaba huevos pero sí leche, en su caso por motivaciones religiosas. También nos contó que se estaba planteando poner una parte del menú para vegetarianos, así que si vais por allí hacedle notar que sois veganos, a ver si así se anima. A parte de esto, en Oviedo de lo que más hay son tabernas tipo sidrería donde todo es carne o pescado.

En Gijón, casi al lado de la pensión teníamos el restaurante Twist vegetal (c/ San Bernardo, 18), que aunque en el rótulo de la entrada pone "cocina vegetariana" no es vegetariano ni por asomo. Eso sí, el menú es casi vegetariano, porque a veces ponen una ensalada con jamón. Aunque hay más platos OLV que veganos se puede comer y bien. Nos gustó, pero a lo mejor es un pelín caro (12 euros para comer y 17 euros para cenar) para las cantidades de les raciones. También comimos en La Vaina (c/ de Cervantes, 20), un pequeño restaurante vegetariano que ofrece algunos platos, no muchos, y entre ellos algunas opciones veganas, como falafel, hamburguesa vegetal o ensalada taboulé. A parte de estos restaurantes también se podía encontrar algún libanés donde hacer un falafel rápido. Por cierto, si queréis un helado de soja, encontraréis alguno muy cerca del Twist, en la heladería Islandia (c/ San Antonio).

Esto en las ciudades importantes, porque cuando hemos ido por pueblecitos hemos tirado de patés vegetales y latas de red beans, gran descubrimiento que me hizo la compañera viajera del foro de la UVE, Brisca. Nos llevamos un par de latas de la marca Heinz y si no fuera porque llevan un poco de azúcar (no entiendo esta manía de echarle a la salsa de tomate azúcar), que a mí no me va bien, les pondría de nota un 10.

Y a parte de esto, Asturias es muy bonita y Gijón también, a pesar de lo que van diciendo por ahí, y la sidra, aunque dulce, está muy buena y... es vegana!!!

Fotos para dar envídia:

La senda del oso, entre Entrago y Proaza



Cudillero



La playa del Tranqueru

lunes, 2 de agosto de 2010

Por qué nos hacemos veganos?

No me refiero a todas las razones para ser vegano, que son muchas (éticas, medioambientales, humanitarias...), sino a porqué un día nos metimos en el embrollo de ir a contracorriente, con lo cómodo que se está siendo como todo el mundo.

Me parece que no hay una receta para explicar porqué uno se hace vegano: la suma de los mismos ingredientes no tiene porqué dar el mismo resultado. Pero a mi entender, estos podrían ser algunos de los factores más importantes:

Principio de consistencia. Somos reacios a aceptar las críticas a nuestra moral. Por otra parte, sentirnos inconsistentes moralmente nos causa malestar y la búsqueda de coherencia nos puede llevar al cambio. A veces un pequeño cambio llevará a otro y después a otro.

Leí en un artículo(1) que la mayoría de las consultas que recibe PETA son en relación con animales de compañía, circos con animales, vivisección y pieles. Esto es porqué la gente prefiere enfrentarse a los casos de maltrato animal de los que no se sienten responsables personalmente. Sin embargo, preocuparse de unos puede ser un principio para descubrir nuestra inconsistencia y hacer que nos vayamos comprometiendo cada vez más. Por ejemplo, son muchos los vegetarianos que vienen del ámbito de las protectoras de perros y gatos o que simplemente son personas que se consideraban amantes de los animales y que un buen día decidieron que lo debían ser de verdad.

También hay casos de animalistas con un pasado en el activismo proderechos humanos. Estas personas en algún momento de sus vidas se sintieron incoherentes por preocuparse por los humanos desfavorecidos y no hacerlo por los no humanos, que también lo eran.

De un modo parecido, son muchos veganos los que han dado el paso desde el ovo-lacto-vegetarianismo al notar que tomando leche y huevos también estaban participando en la explotación de los animales.

Actitud crítica. Para cambiar es necesario tener una cierta actitud crítica, que permita plantearse que hace uno mismo o lo que es uno mismo. Todo el mundo es capaz de juzgar lo que hacen otros, lo que se hacía en otras épocas o lugares, pero no todos estamos dispuestos a juzgarnos a nosotros mismos.

A todos, en cierto modo, nos desagrada la autocrítica, sobre todo si viene de fuera y en según qué formas, pero pienso que es nuestro deber ser capaces de juzgarnos y replantearnos... siempre. Para mí, sin duda, la capacidad crítica es un síntoma de inteligencia y valentía.

Empatía. Puede que sea la base de todo. Sin empatía la cosa se complica. Sin embargo, existen casos de personas que se han hecho veganas sin sentir especial empatía hacia los animales. Podrían ver todos los vídeos de granjas industriales y mataderos del mundo sin llegar a plantearse cambiar sus hábitos de alimentación. Sin embargo, serían los razonamientos lógicos los que les llevarían al cambio. Puede parecer increible, pero es cierto.

Las razones no bastan, también están las experiencias propias y todos estos ingredientes que he enumerado y muchos otros que seguramente me dejo. Desgraciadamente no hay una receta mágica.

(1) Phelps, Norm. Activismo de vía única: los animales pagan el precio.
Este artículo me lo pasaron fotocopiado y desconozco la fuente. Para mí es un artículo muy útil e interesante, aunque reconozco que para muchos resultará polémico.

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Y hablando de otra cosa, por fin estoy de vacaciones... :-)