Tengo que confesar que cuando alguien dice que los animales están para que los usemos siento la debilidad de mandarlo a la mierda. Algo parecido me pasa cuando escucho a quien justifica que las mujeres están por debajo de los hombres o que los homosexuales son unos enfermos. Sin embargo, en los dos últimos casos podría hasta hacerlo, ya que éstas ya no son las ideas "oficialmente" aceptadas, las políticamente correctas. En cambio contra los que justifican el uso de animales tienes que poner la mejor sonrisa, cargarte de paciencia y saber comunicar todos los argumentos del mundo. Necesitas una artillería de razonamientos para defender que se respete y se tenga en consideración a individuos que sienten y tienen intereses propios. Increible pero cierto.Y sin embargo, todos los argumentos del mundo, en la gran mayoría de los casos, servirán de bien poco. No es verdad que hubo un tiempo en que se escribían ensayos para defender los derechos más básicos de las mujeres o de las minorías étnicas? Pues eso, que la historia no se ha terminado.
Y en relación con esto, hace unos días, Buenafuente (el humorista del que hablé el otro día, y que conste que no tengo ninguna fijación con él) fue noticia en relación con el maltrato a los animales. Buenafuente se había adherido a una campaña contra el maltrato animal y un usuario de Twitter comentó: "Libia en plena guerra y la preocupación de Buenafuente y otros es el maltrato animal. Vaya tela", a lo que el humorista le contestó "Tú eres gilipollas". Todo esto ha traído su cola, porque es verdad que no son las mejores formas, aunque ante argumentos demagógicos y cargados de mala fe a uno se le puede ir la lengua. Somos humanos.
Los animalistas no podemos permitirnos esa despreocupación en nuestras respuestas, porque con nuestra voz estamos dando voz a otros y debemos ser responsables, aunque muchas veces se nos quede en el buche un vete a la mierda, mayúsculo.
La campaña a la que se refería pide el endurecimiento de las penas contra el maltrato animal, una eterna petición que estos días ha sido reavivada por el caso del cachorro Schnauzi, que fue grabado por su asesino mientras lo torturaba hasta la muerte. Cosas así destrozan el alma de uno. Ante tanta maldad no hay comentarios posibles. En muchas ciudades españolas se han convocado manifestaciones para el día 25 y todos los que no somos indiferentes ante el maltrato animal deberíamos asistir. Tenemos que ser muchos para que los políticos entiendan que se trata de una preocupación social y la tengan en consideración.
Aquí hay más información sobre las manifestaciones.
Esta campaña busca el endurecimiento contra una clase de maltrato animal, pero no de todo. De todos formas, se ha de ver como un paso en la carrera por conseguir el reconocimiento de los derechos de todos los animales.
domingo, 20 de marzo de 2011
domingo, 13 de marzo de 2011
Plumcake vegano de zanahoria y nueces
Como llevo una temporada muy filosófica, hoy voy a poner una receta dulce para compensar. Es un plumcake de zanahoria y nueces que aprendí en un curso de Toni Rodríguez, el chef que está detrás de Lujuria vegana (casi nada).
Ingredientes:
150 gr de harina
80 gr de azúcar moreno o fructosa
½ sobre de levadura Royal
½ cucharadita de canela
1 cucharadita de sal
150 gr de zanahorias
30-40 gr de nueces peladas
80 ml aceite de girasol
esencia de vainilla, vainilla en rama infusionada o flor de azahar infusionada (opcional)
jengibre confitado
150 ml de agua
Preparación:
Mezclar en un bol los ingredientes secos (harina, azúcar, levadura, canela y sal). Cortar en trozos muy pequeños y triturar en el minipimer las zanahorias (150 gr una vez peladas y sin las puntas) y las nueces. Añadir la mezcla al bol. Añadir el agua, el aceite de girasol, una cucharadita de esencia de vainilla (o la infusión de la vainilla en rama) o de infusión de flor de azahar y unos trozos pequeños de jengibre confitado (como un puñadito).
Preparar el molde de plumcake poniéndole papel de hornear en la base y los lados. Poner un poco de aceite en las paredes del molde para que el papel se pegue.
Precalentar el horno a 190º y hornear por el pastel por debajo a 180º hasta que al pinchar con un tenedor, salga seco. Dejar fuera del horno hasta que se enfríe y guardar en la nevera.
Un truco es que para hacer pasteles se puede sustituir la leche de soja por agua. Sale más barato y el resultado es el mismo.
A lo mejor la foto no le hace mucha justicia, pero es muy bueno y la mezcla de los ingredientes y el toque del jengibre le dan un sabor original.
Ingredientes:
150 gr de harina
80 gr de azúcar moreno o fructosa
½ sobre de levadura Royal
½ cucharadita de canela
1 cucharadita de sal
150 gr de zanahorias
30-40 gr de nueces peladas
80 ml aceite de girasol
esencia de vainilla, vainilla en rama infusionada o flor de azahar infusionada (opcional)
jengibre confitado
150 ml de agua
Preparación:
Mezclar en un bol los ingredientes secos (harina, azúcar, levadura, canela y sal). Cortar en trozos muy pequeños y triturar en el minipimer las zanahorias (150 gr una vez peladas y sin las puntas) y las nueces. Añadir la mezcla al bol. Añadir el agua, el aceite de girasol, una cucharadita de esencia de vainilla (o la infusión de la vainilla en rama) o de infusión de flor de azahar y unos trozos pequeños de jengibre confitado (como un puñadito).
Preparar el molde de plumcake poniéndole papel de hornear en la base y los lados. Poner un poco de aceite en las paredes del molde para que el papel se pegue.
Precalentar el horno a 190º y hornear por el pastel por debajo a 180º hasta que al pinchar con un tenedor, salga seco. Dejar fuera del horno hasta que se enfríe y guardar en la nevera.
Un truco es que para hacer pasteles se puede sustituir la leche de soja por agua. Sale más barato y el resultado es el mismo.
A lo mejor la foto no le hace mucha justicia, pero es muy bueno y la mezcla de los ingredientes y el toque del jengibre le dan un sabor original.
lunes, 28 de febrero de 2011
Dos preguntas
Sé cómo están las cosas, o así lo creo. La realidad se esconde y nos la escondemos, son muchos los intereses económicos, políticos y personales para continuar como siempre, para no cambiar.
Mi camino lo inicié al ser consciente de mi hipocresía, de mi autocomplacencia. Hasta los 27 años no dejé la carne y tardé 3 años más en dejar el resto de productos fruto de la explotación animal. Ahora siento que debo hacer algo más, porque son demasiados lo indiferentes, prácticamente todos, y muy pocos los que estamos dispuestos a hacer algo por los que están a nuestra merced, totalmente desprotegidos y vulnerables.
Sin embargo, desde que tengo conciencia siempre he sentido un malestar ante el plato de carne. Era un malestar que iba y venía, tampoco estaba siempre presente y cuando aparecía me cuidaba de esconderlo. Iba a temporada, a días o momentos, pero el malestar siempre volvía a aparecer y yo siempre lo volvía a esconder. Bien tapadito, para que no me hiciera sufrir y no me obligara a tener que cambiar. Cuantas veces me comí un plato de carne con repugnancia o lo tuve que apartar. Cuantas veces esos restos me recordaron la vida de alguien que había sido. Sin embargo, la mayoría de las veces era indiferente. Eso tampoco lo vamos a negar.
En un mundo en el que el debate sobre el respeto por los animales no humanos es inexistente, o casi, no es raro que te acabes por sentir rara, ridícula, preocupada por algo que no existe a los ojos de la mayoría. Ellos pueden hasta compadecerse de mí, enfadada con el mundo, yendo a contracorriente, creyendo en un mundo que nunca veré y que puede que nunca llegue a ser. Sin embargo, puede que sea todo eso y más, pero lo que nadie podrá decir es que actué con mala fe o que fui cobarde porque pensé una cosa e hice otra.
Me cuesta entender a los omnívoros que comen carne y nunca han sentido el desasosiego de digerir los restos de alguien. Tengo una pregunta para ellos, sin mala fe, pero con incomprensión, quizás la misma que la gente como yo les pueda inspirar. Mi pregunta es: tenéis corazón? A lo mejor me paso, porque para vosotros en el plato no hay alguien sino sólo algo. Es verdad que la empatía también se aprende, pero a mí se me hace difícil entender que alguien no pueda compadecerse por otro ser que también siente, sólo porque es de otra especie. Unos ojos que te miran son unos ojos que te miran. No quiero ofender a nadie, pero a veces no puedo evitar plantearme eso, si tenéis corazón.
Y para aquellos que sí habéis sentido alguna vez ese malestar, mi pregunta es: a qué esperáis para trazar una linea recta entre lo que sentís, pensáis y hacéis? Seguro que tenéis mil dudas y muchas preguntas por responder, pero entonces lo más sensato es buscar respuestas en lugar de esconder vuestro malestar bajo la alfombra de la hipocresía, tal como hacía yo.
Es algo más complejo de lo que yo lo pinto, pero también es verdad que las cosas más terribles de este mundo a veces no se sustentan en la maldad, sino en la ignorancia y la indiferencia de una gran mayoría de buenas personas.
Mi camino lo inicié al ser consciente de mi hipocresía, de mi autocomplacencia. Hasta los 27 años no dejé la carne y tardé 3 años más en dejar el resto de productos fruto de la explotación animal. Ahora siento que debo hacer algo más, porque son demasiados lo indiferentes, prácticamente todos, y muy pocos los que estamos dispuestos a hacer algo por los que están a nuestra merced, totalmente desprotegidos y vulnerables.
Sin embargo, desde que tengo conciencia siempre he sentido un malestar ante el plato de carne. Era un malestar que iba y venía, tampoco estaba siempre presente y cuando aparecía me cuidaba de esconderlo. Iba a temporada, a días o momentos, pero el malestar siempre volvía a aparecer y yo siempre lo volvía a esconder. Bien tapadito, para que no me hiciera sufrir y no me obligara a tener que cambiar. Cuantas veces me comí un plato de carne con repugnancia o lo tuve que apartar. Cuantas veces esos restos me recordaron la vida de alguien que había sido. Sin embargo, la mayoría de las veces era indiferente. Eso tampoco lo vamos a negar.
En un mundo en el que el debate sobre el respeto por los animales no humanos es inexistente, o casi, no es raro que te acabes por sentir rara, ridícula, preocupada por algo que no existe a los ojos de la mayoría. Ellos pueden hasta compadecerse de mí, enfadada con el mundo, yendo a contracorriente, creyendo en un mundo que nunca veré y que puede que nunca llegue a ser. Sin embargo, puede que sea todo eso y más, pero lo que nadie podrá decir es que actué con mala fe o que fui cobarde porque pensé una cosa e hice otra.
Me cuesta entender a los omnívoros que comen carne y nunca han sentido el desasosiego de digerir los restos de alguien. Tengo una pregunta para ellos, sin mala fe, pero con incomprensión, quizás la misma que la gente como yo les pueda inspirar. Mi pregunta es: tenéis corazón? A lo mejor me paso, porque para vosotros en el plato no hay alguien sino sólo algo. Es verdad que la empatía también se aprende, pero a mí se me hace difícil entender que alguien no pueda compadecerse por otro ser que también siente, sólo porque es de otra especie. Unos ojos que te miran son unos ojos que te miran. No quiero ofender a nadie, pero a veces no puedo evitar plantearme eso, si tenéis corazón.
Y para aquellos que sí habéis sentido alguna vez ese malestar, mi pregunta es: a qué esperáis para trazar una linea recta entre lo que sentís, pensáis y hacéis? Seguro que tenéis mil dudas y muchas preguntas por responder, pero entonces lo más sensato es buscar respuestas en lugar de esconder vuestro malestar bajo la alfombra de la hipocresía, tal como hacía yo.
Es algo más complejo de lo que yo lo pinto, pero también es verdad que las cosas más terribles de este mundo a veces no se sustentan en la maldad, sino en la ignorancia y la indiferencia de una gran mayoría de buenas personas.
lunes, 14 de febrero de 2011
Mamá adoptada
Éste es Leo cuando era pequeño. Lo encontramos en un solar al lado de casa y en un principio lo íbamos a llevar a una protectora, pero por suerte no lo hicimos y nos lo quedamos. Por aquel entonces ya teníamos a Misu y más adelante llegaría Lupita.
Cuando los gatos que tienes no son buscados, sino que los has encontrado, la gente suele hacer comentarios del tipo "pero cuantos gatos tienes ya?" y cosas así. Digamos que nadie se alegra por ti. En parte lo entiendo, porque son como la llegada de un niño que no se esperaba, que no era deseado. A mi padre, por ejemplo, no le caen muy bien mis gatos, supongo que porque los ve como una carga para mí y cree que no debería preocuparme por ellos. De Leo siempre ha dicho que es muy feo y orejudo. Bueno, digamos que Leo no es un gato muy guapo, pero eso no lo hace menos importante para mí.
Diría que Leo es un amigo si no fuera porque es mi niño. De hecho, yo soy su mami adoptada. Sí, lo digo bien, adoptada y no adoptiva, porque fue él quien me adoptó. La cosa fue así: el primer día que estuvo en casa se subió a un armario sin querer saber nada de nadie. A la mañana siguiente, viendo que le dábamos de comer y que íbamos en son de paz, bajó del armario y se me sentó encima, me miró fijamente y me tocó con su cabecita debajo de la barbilla. Desde ese momento estaba claro, yo había sido adoptada como su mami. Lo que vino después fue un idilio de cariñitos y empalagueo, porque para Leo las caricias y los mimitos nunca son suficientes. Ahora ya es un gatito adulto y está un poco más desprendido pero el cariño que nos tenemos no puede cambiar.
Podría explicar mil cosas de Leo, de lo bicho que llega a ser, de cómo nos engaña para quitarnos la silla, para que estemos por él, como nos despierta a horas intempestivas, como le gusta hacer la vida imposible al pobre Misu, etc. Por cierto, una cosa muy especial suya, que yo al menos no he visto en ningún gato antes, es que me habla!! Sí, sí, si yo me lo quedo mirando, el gato me mira y emite ruiditos con la boca, pequeños maullidos y chasquidos, una cosa muy rara. Me dice cositas, lo que ya no sé el qué ;-)
Otro día hablaré de Misu y Lupita, cada uno diferente, con su forma de ser que los hace únicos e irrepetibles. Ellos me recuerdan cada día porque soy vegana y porque defender los derechos de los animales es tan importante y urgente. Sin ellos, la casa y mi corazón estarían más vacios.
Otra foto de Leo, para que veáis lo guapo que está:
miércoles, 2 de febrero de 2011
Cultura animalista
Hace un tiempo Andreu Buenafuente (un humorista catalán, para los que no lo sepan) hacía un monólogo en el que ridiculizaba a vegetarianos y veganos. Por ejemplo, decía que un vegetariano es aquel que te quiere hacer creer que es feliz sin comer carne, o que un vegano es aquel que sólo como vegetales, aunque un día se encontró a uno intentándose comer una farola. Otro día, un monologuista amateur en un programa del tipo "El club de la comedia" explicaba que él era vegetariano y no podía entender como su novia al ver la película "Babe" se ponía a pensar en el McDonald's, porque sería como si a él una selva amazónica le recordara el Ikea. También explicaba que buscando trabajo encontró un anuncio para cubrir una plaza de asesino vestido de payaso, se presentó y resultó que buscaban un torero.
A dónde quiero llegar? Pues bien, como vegana me hacen bastante más gracia los chistes del segundo monologuista. No vamos a engañar a nadie. Pero es verdad que el humor puede ser ofensivo y por lo que veo la mayoría de las veces lo es. Sí, como vegana podría sentirme ofendida por los chistes de Buenafuente, pero para qué?
A uno le gusta decir, o sentir que dicen por él, y no tanto ser dicho. Los vegetarianos y veganos solemos ser objeto de humor, pero pocas veces sujetos, creadores de ese humor. En fin, pienso que no es que sobren los humoristas que hacen chistes sobre vegetarianos, sino que faltan los humoristas vegetarianos que muestren su versión de lo que es ser vegetariano y nos hagan reir con chistes sobre carnívoros, por ejemplo.
Quien habla de humor habla de tantas otras cosas. Faltan personas que sean sujetos, creadoras de una cultura animalista. Hacen falta humoristas, directores de cine, guionistas, presentadores de televisión y un largo etcétera de personas animalistas que muestren el mundo desde nuestro lado. Porque tener la palabra tiene mucho valor. De eso no hay duda.
A mi modo de ver el animalismo se refleja básicamente en la literatura filosófica y sobre el movimiento de los derechos de los animales. Por supuesto, también hay toda una literatura sobre nutrición y cocina vegetariana y vegana. Esto es así por razones obvias, pero pienso que el crecimiento de una cultura animalista sería de gran ayuda, sobre todo porque ayudaría a la normalización, a hacer visible a todo un colectivo y sus ideas.
Es por eso que me gustan tanto los cuentos infantiles para niños vegetarianos/veganos. También las obras de escritores vegetarianos que reflejan su manera de ver las cosas, como Isaac B. Singer o J. M. Coetzee.
Para muestra un botón: aquí os dejo un enlace a la página de un dibujante de cómics vegano que ironiza en sus viñetas sobre el trato que damos a los demás animales.
También hay artistas veganos que muestran sus inquietudes en sus obras. Buscando por internet se pueden encontrar cosas interesantes.
Seguro que debe haber multitud de ejemplos de la cultura animalista y estoy segura que cada vez irá a más. Y a más veganos más fácil será que crezca esa cultura, que en definitiva es una herramienta para ayudar a los demás animales.
A dónde quiero llegar? Pues bien, como vegana me hacen bastante más gracia los chistes del segundo monologuista. No vamos a engañar a nadie. Pero es verdad que el humor puede ser ofensivo y por lo que veo la mayoría de las veces lo es. Sí, como vegana podría sentirme ofendida por los chistes de Buenafuente, pero para qué?
A uno le gusta decir, o sentir que dicen por él, y no tanto ser dicho. Los vegetarianos y veganos solemos ser objeto de humor, pero pocas veces sujetos, creadores de ese humor. En fin, pienso que no es que sobren los humoristas que hacen chistes sobre vegetarianos, sino que faltan los humoristas vegetarianos que muestren su versión de lo que es ser vegetariano y nos hagan reir con chistes sobre carnívoros, por ejemplo.
Quien habla de humor habla de tantas otras cosas. Faltan personas que sean sujetos, creadoras de una cultura animalista. Hacen falta humoristas, directores de cine, guionistas, presentadores de televisión y un largo etcétera de personas animalistas que muestren el mundo desde nuestro lado. Porque tener la palabra tiene mucho valor. De eso no hay duda.
A mi modo de ver el animalismo se refleja básicamente en la literatura filosófica y sobre el movimiento de los derechos de los animales. Por supuesto, también hay toda una literatura sobre nutrición y cocina vegetariana y vegana. Esto es así por razones obvias, pero pienso que el crecimiento de una cultura animalista sería de gran ayuda, sobre todo porque ayudaría a la normalización, a hacer visible a todo un colectivo y sus ideas.
Es por eso que me gustan tanto los cuentos infantiles para niños vegetarianos/veganos. También las obras de escritores vegetarianos que reflejan su manera de ver las cosas, como Isaac B. Singer o J. M. Coetzee.
Para muestra un botón: aquí os dejo un enlace a la página de un dibujante de cómics vegano que ironiza en sus viñetas sobre el trato que damos a los demás animales.
También hay artistas veganos que muestran sus inquietudes en sus obras. Buscando por internet se pueden encontrar cosas interesantes.
Seguro que debe haber multitud de ejemplos de la cultura animalista y estoy segura que cada vez irá a más. Y a más veganos más fácil será que crezca esa cultura, que en definitiva es una herramienta para ayudar a los demás animales.
viernes, 21 de enero de 2011
Cambiamos lo justo
Ya sé que soy una pesada con esto del cambio pero es que es un tema que me interesa. Supongo que me maravilla que haya tantas personas buenas y compasivas que entienden que los animales no son cosas y que merecen respeto pero que no están dispuestas a cambiar un ápice de sus hábitos para ser consecuentes con lo que piensan.
Creo que, en general, cambiamos lo justo, porque cambiar conlleva una crisis, no es cómodo, así que si podemos elegir nos quedamos con la opción fácil: no cambiar. Creo que uno cambia lo justo y necesario para sentirse bien consigo mismo, para mantener su consistencia moral a raya. Por ejemplo, hay mucha gente que tiene suficiente comiendo unos animales y no otros, o comiéndolos menos a menudo. Hay bastantes "vegetarianos" que sólo comen carne en ocasiones especiales, cuando salen con amigos y en las reuniones familiares. De esta forma no "hacen un feo" y tampoco tienen que comprometerse demasiado. Pueden evitar las burlas y el tener que sentirse los "raritos" de la fiesta. Con esto no pretendo criticar a nadie, además soy de las que piensa que hacer algo es siempre mejor que no hacer nada y dando un paso estamos más cerca de dar otro... y otro.
Si lo pienso un poco, yo me hice ovo-lacto-vegetariana cuando no pude soportar seguir comiendo animales y me hice vegana cuando no pude soportar más seguir consumiendo productos que provenían de la explotación de los animales. No creo que fuera una elección, porque no hubiera elegido ir a contracorriente con lo cómodo y agradable que es dejarse llevar por las aguas cristalinas ;-)
También es más fácil cambiar cuando tenemos poco que perder. No suena muy bien pero así lo creo, aunque no se puede generalizar. Por ejemplo, hay épocas de la vida en las que uno está más abierto al cambio. Cuando eres adolescente o vas a la universidad todavía estás formando tu identidad, estás más abierto a nuevas ideas y eres más crítico. El principio de la convivencia de una pareja también puede ser un momento favorable al cambio. La cosa se complica cuando estamos asentados, con familia, niños, y nuestro grupo de amigos. Entonces tenemos más que perder.
Si estamos acostumbrados a ser como los demás, desentonar puede ser pedir demasiado, aunque sea a costa de nuestros principios. También hay personas acostumbradas a "desentonar" por gusto o por no poder evitarlo. Puede que el cambio sea más duro "socialmente" para una persona que siempre ha sido como todos los demás, en la manera de pensar, de actuar, de vestir, que para alguien que siempre ha sido un poco "diferente".
Como digo, no se puede generalizar. Si habéis visto el documental Peaceble Kingdom recordaréis los testimonios del grangero y del empresario ganadero. Son tremendos por lo duro que les resultó a estas personas hacerse veganas. No porque fuera duro dejar el bistec, sino por el rechazo de todo su círculo social. Estas personas sentían una necesidad tan fuerte de dejar de ser cómplices de la explotación de los animales que fueron capaces de superar todas estas trabas.
En fin, creo que hay unas circunstancias que favorecen la capacidad de cambio de una persona. Son reflexiones en voz alta. Por supuesto, vuestros comentarios serán bienvenidos.
Y con esto espero acabar y no dar más la vara con este tema.
Creo que, en general, cambiamos lo justo, porque cambiar conlleva una crisis, no es cómodo, así que si podemos elegir nos quedamos con la opción fácil: no cambiar. Creo que uno cambia lo justo y necesario para sentirse bien consigo mismo, para mantener su consistencia moral a raya. Por ejemplo, hay mucha gente que tiene suficiente comiendo unos animales y no otros, o comiéndolos menos a menudo. Hay bastantes "vegetarianos" que sólo comen carne en ocasiones especiales, cuando salen con amigos y en las reuniones familiares. De esta forma no "hacen un feo" y tampoco tienen que comprometerse demasiado. Pueden evitar las burlas y el tener que sentirse los "raritos" de la fiesta. Con esto no pretendo criticar a nadie, además soy de las que piensa que hacer algo es siempre mejor que no hacer nada y dando un paso estamos más cerca de dar otro... y otro.
Si lo pienso un poco, yo me hice ovo-lacto-vegetariana cuando no pude soportar seguir comiendo animales y me hice vegana cuando no pude soportar más seguir consumiendo productos que provenían de la explotación de los animales. No creo que fuera una elección, porque no hubiera elegido ir a contracorriente con lo cómodo y agradable que es dejarse llevar por las aguas cristalinas ;-)
También es más fácil cambiar cuando tenemos poco que perder. No suena muy bien pero así lo creo, aunque no se puede generalizar. Por ejemplo, hay épocas de la vida en las que uno está más abierto al cambio. Cuando eres adolescente o vas a la universidad todavía estás formando tu identidad, estás más abierto a nuevas ideas y eres más crítico. El principio de la convivencia de una pareja también puede ser un momento favorable al cambio. La cosa se complica cuando estamos asentados, con familia, niños, y nuestro grupo de amigos. Entonces tenemos más que perder.
Si estamos acostumbrados a ser como los demás, desentonar puede ser pedir demasiado, aunque sea a costa de nuestros principios. También hay personas acostumbradas a "desentonar" por gusto o por no poder evitarlo. Puede que el cambio sea más duro "socialmente" para una persona que siempre ha sido como todos los demás, en la manera de pensar, de actuar, de vestir, que para alguien que siempre ha sido un poco "diferente".
Como digo, no se puede generalizar. Si habéis visto el documental Peaceble Kingdom recordaréis los testimonios del grangero y del empresario ganadero. Son tremendos por lo duro que les resultó a estas personas hacerse veganas. No porque fuera duro dejar el bistec, sino por el rechazo de todo su círculo social. Estas personas sentían una necesidad tan fuerte de dejar de ser cómplices de la explotación de los animales que fueron capaces de superar todas estas trabas.
En fin, creo que hay unas circunstancias que favorecen la capacidad de cambio de una persona. Son reflexiones en voz alta. Por supuesto, vuestros comentarios serán bienvenidos.
Y con esto espero acabar y no dar más la vara con este tema.
domingo, 16 de enero de 2011
Mataderos
Tras su última gota de leche es un reportaje sobre mataderos grabado en Austria, uno de los países con una legislación de bienestar animal más avanzada, y en el que no se han utilizado cámaras ocultas, así que cabe esperar que los matarifes estén haciendo su mejor trabajo. Como veréis, esto no impide que los animales sean degollados y mutilados cuando aún están conscientes. La realidad es ésta, y mucho peor, para miles de millones de animales destinados cada año al consumo humano.
En la gran mayoría de los casos, creo que difundir vídeos como éste no sirve de nada, ya que mucha gente no los quiere ver (es una realidad incómoda y preferimos hacernos creer que no la conocemos para no tener que posicionarnos) y entre quienes los ven están los que sienten indiferencia y los que, a pesar de pensar que es algo triste e injusto, no están dispuestos a hacer nada.
De todas formas, no pierdo la esperanza de que pueda hacer que alguien se plantee el trato que damos a los demás animales. De hecho, este vídeo nos ayudó a F. y a mí a dar el paso al veganismo, cuando lo vimos en una conferencia que daban los compañeros de DefenAnimal en Biocultura, ya hará casi 3 años. Fue todo muy casual, pásabamos por allí, yo había oído hablar de ellos y el tema de la conferencia nos interesó, así que entramos. Es verdad que por aquel entonces ya éramos vegetarianos y yo llevaba algún tiempo pensando en hacerme vegana, pero este vídeo nos sirvió para tener aún más claro que no queríamos ser partícipes de tanta injusticia.
En la gran mayoría de los casos, creo que difundir vídeos como éste no sirve de nada, ya que mucha gente no los quiere ver (es una realidad incómoda y preferimos hacernos creer que no la conocemos para no tener que posicionarnos) y entre quienes los ven están los que sienten indiferencia y los que, a pesar de pensar que es algo triste e injusto, no están dispuestos a hacer nada.
De todas formas, no pierdo la esperanza de que pueda hacer que alguien se plantee el trato que damos a los demás animales. De hecho, este vídeo nos ayudó a F. y a mí a dar el paso al veganismo, cuando lo vimos en una conferencia que daban los compañeros de DefenAnimal en Biocultura, ya hará casi 3 años. Fue todo muy casual, pásabamos por allí, yo había oído hablar de ellos y el tema de la conferencia nos interesó, así que entramos. Es verdad que por aquel entonces ya éramos vegetarianos y yo llevaba algún tiempo pensando en hacerme vegana, pero este vídeo nos sirvió para tener aún más claro que no queríamos ser partícipes de tanta injusticia.
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